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jueves, 26 de mayo de 2011


Yo antes escribía.  Me refiero a que escribía cosas medianamente aceptables, cuentos,  relatos.  Porque eso que pongo en Mosterio no es escribir, es boludeo.  Puede ser gracioso,  hasta parecer inteligente, pero no gran cosa.  Al menos eso creo.
¿Qué me pasa? Si fuera un servicio diría que Sorry, our server is currently experiencing a technical problem.
Yo le echo la culpa al trabajo, que me saca las fuerzas vitales cual súcubo1.  Tal vez es  porque perdí la costumbre de trabajar mucho.  En efecto, estuve un tiempo en un estado de  semi-beca, que me dejaba tiempo libre y me permitía escribir y leer más.  Porque si uno no  lee, no puede escribir, eso es sabido.  No es que yo sea un vago, no señor, he trabajado  mucho, pero ya estoy un poco viejo y cansado.  "¿Un poco?" diría alguna/o de las/os turras/os  que pululan por acá2.
Además está el tema del entorno.  ¿A qué refiero?  Paso a explicar.  El entorno es importante  para la labor creativa.  Por ejemplo, ¿hay muchos suizos o noruegos que sean escritores o  pintores famosos? No.  Porque les falta esa cosa de la lucha cotidiana por la supervivencia,  los conflictos, etc...  Entonces, ya pasados tantos cimbronazos, habiendo alcanzado cierta  meseta de comodidad 'espiritual'3, lo creativo no se manifiesta tan fácilmente.

1 A propósito, están dando una serie llamada "Lost girl", que trata de la vida de una súcubo,  media pedorra, destinada a calentar a la muchachada ávida de carne y lujuria.
2 Me resisto a escribir 'tod@s' en lugar de 'todos' o 'todas'.  ¿Cómo mierda se pronuncia  esa '@'?  No me jodan con modernismos pelotudos.
3 odio la palabra 'espiritual', pero sigue siendo abarcativa para englobar procesos  afectivos y mentales.

viernes, 11 de junio de 2010

Las cinco reglas de Heinlein sobre el escribir

De acá, saqué esto:
Regla 1. Escribe
Suena absurdo, pero es lo último que la mayoría de los aspirantes a escritores están dispuestos a hacer. Dice Sawyer que no importa cuántos cursos y talleres tomes, la única manera de convertirte en un escritor es escribiendo. De cien aspirantes, apenas la mitad tendrán la entereza de sentarse a hacerlo.

Regla 2. Termina lo que empieces

No se puede aprender a escribir sin haber escrito una historia de principio a fin. Y sólo hasta entonces, teniendo una unidad será muy fácil ver qué partes funcionan y cuáles no. De los cincuenta aspirantes a escritores del principio, veinticinco son incapaces de ternimar nada.

Regla 3. No te claves en la correción

"Las obras se abandonan, no se terminan", cita Sawyer. Hay que saber en qué momento dejar la obra pues se corre el riesgo de corregir y reescribir inteminablemente. "Aunque muchos principiantes no lo crean, un (buen) editor sabrá decirles qué corregir", apunta Sawyer. "Cualquiera termina una novela", me dijo alguna vez Juan Hernández Luna, "pero no cualquiera la corrige." De los veinticinco aspirantes que quedaban, doce son incapaces de terminar sus correcciones.

Regla 4. Debes colocar tu obra en el mercado
Puedes vivir en la fantasía de que eres un escritor profesional, dice nuestro autor, pero no será realidad hasta que no haya alguien dispuesto a pagarte dinero por lo que escribes. A diferencia del mercado anglosajón, donde aún persiste un modesto circuito de revistas que compran cuentos, en nuestro medio es necesario presentar a dictaminación tu novela o mandarla a concursos. Esto último fue lo que me abrió las puertas del mundo editorial, con Tiempo de alacranes. En cualquiera de los dos casos, hay que colocar el trabajo ahí donde pueda ser publicada y producir dinero. Seis de los doce aspirantes a escritores que restaban serán incapaces de encontrar salida para su novela.

Regla 5. Debes mantener tu trabajo en el mercado hasta que se venda

¿Fuiste rechazado de una editorial? Mándalo a otra. ¿No te mencionaron en aquel concurso? Manda tu novela a otro. Y a otro. Y a otro. Hasta que encuentre su casa editorial. No te desanimes, habrás de enfrentarte muchas veces con el rechazo. Insiste. Yo mismo tardé casi ocho años desde que terminé de escribir Gel Azul hasta que se publicó en México. Me la rechazaron de dos editoriales y perdió cuatro concursos hasta que halló su camino (e incluso ganó un premio Ignotus). Algo similar le pasó a Ladrón de sueños. De los seis escritores que nos quedaban, tres tirarán la toalla desanimados por los rechazos.

Regla 6. Empieza a trabajar en tu nuevo proyecto

De inmediato. Esta es la regla que añade Robert J. Sawyer. No esperes a que se publique tu obra anterior. Sólo así podrás tener un cuerpo significativo de trabajo como para considerarte un escritor profesional. Y si te bloqueas a la mitad, empieza algo nuevo, siempre que te remitas a la regla número 2. De los tres escritores que nos quedaban, sólo uno tendrá la entereza para seguir escribiendo.