jueves, 26 de mayo de 2011


Yo antes escribía.  Me refiero a que escribía cosas medianamente aceptables, cuentos,  relatos.  Porque eso que pongo en Mosterio no es escribir, es boludeo.  Puede ser gracioso,  hasta parecer inteligente, pero no gran cosa.  Al menos eso creo.
¿Qué me pasa? Si fuera un servicio diría que Sorry, our server is currently experiencing a technical problem.
Yo le echo la culpa al trabajo, que me saca las fuerzas vitales cual súcubo1.  Tal vez es  porque perdí la costumbre de trabajar mucho.  En efecto, estuve un tiempo en un estado de  semi-beca, que me dejaba tiempo libre y me permitía escribir y leer más.  Porque si uno no  lee, no puede escribir, eso es sabido.  No es que yo sea un vago, no señor, he trabajado  mucho, pero ya estoy un poco viejo y cansado.  "¿Un poco?" diría alguna/o de las/os turras/os  que pululan por acá2.
Además está el tema del entorno.  ¿A qué refiero?  Paso a explicar.  El entorno es importante  para la labor creativa.  Por ejemplo, ¿hay muchos suizos o noruegos que sean escritores o  pintores famosos? No.  Porque les falta esa cosa de la lucha cotidiana por la supervivencia,  los conflictos, etc...  Entonces, ya pasados tantos cimbronazos, habiendo alcanzado cierta  meseta de comodidad 'espiritual'3, lo creativo no se manifiesta tan fácilmente.

1 A propósito, están dando una serie llamada "Lost girl", que trata de la vida de una súcubo,  media pedorra, destinada a calentar a la muchachada ávida de carne y lujuria.
2 Me resisto a escribir 'tod@s' en lugar de 'todos' o 'todas'.  ¿Cómo mierda se pronuncia  esa '@'?  No me jodan con modernismos pelotudos.
3 odio la palabra 'espiritual', pero sigue siendo abarcativa para englobar procesos  afectivos y mentales.

miércoles, 12 de enero de 2011

Pronto

Estimados, pronto vuelven los relatos, tengan paciencia.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Una de amor VII

El Domingo me levanté a media mañana, sin pilas.  No importa a que hora me acueste, no puedo dormir más alla de las 10.  El día pintaba horrible, demasiado para ser Otoño.  Ni siquiera me vestí, me puse un jogging, fumé, leí, comí las sobras de la noche anterior y tomé un poco de vino.  Dormí una siestecita, me bañé y tomé un taxi hasta la casa de Rodrigo Pérez.  

Al llegar encontré una nota en la puerta donde había garabateado "Estamos en el bar de la esquina".  Hacía allí me dirigí, allí estaba él con Nacho, el cantante y una petisa. que supuse era la periodista. 
Efectivamente, treintañera, morocha pero con un mechón bordó.  Pinta de intelectual fiestera.  Yo y mi puta costumbre de catalogar y etiquetar a las personas con solo el primer vistazo.
Pedí un café corto y una medialuna.
¿La entrevista? Lo de siempre, lo que se acostumbra en estos casos. 
Preguntas típicas,
-El nuevo disco ¿sobre qué ejes temáticos se va a basar?
-¿Qué sentís cuando los pibes piden tus temas?
-¿Qué les pasó por la cabeza cuando empezaron a pasarlos por las radios?
-¿Eras un chico normal?
-¿Cómo te iniciás en la música?
-¿Cuál es el balance entre la depresión del grupo y la presión del éxito?

Y las respuestas, medio en joda medio enserio de Nacho,
-Apunta a contar lo urgente
-La parodia es inevitable porque tenemos un espíritu crítico.
-Si no sacudes al tiempo ni un intento queda en vos.
-Cuanto más pasa el tiempo, sé menos sobre lo que hago.
-Las canciones tienen siempre que ver con lo que te pasa en el momento.
-El hecho de que te estén mirando te pone más paranoico.
-No tenemos ambiciones de mercado.
-Ya sobrevivimos a momentos horrorosos.
-Hice música sin ser músico.
-A mi infancia y a mi adolescencia las recuerdo como los períodos más lúgubres, tristes y traumáticos de toda mi vida.

Yo me mordía los labios para no cagarme de risa.  Al menos la piba se había informado bien, conocía todos los temas, era avispada.  Las preguntas dirijidas a mí eran diferentes, más sesudas, tiraban más hacia la literatura que a la música.

Continuará...

lunes, 25 de octubre de 2010

Una de amor VI

A las 18 sonó el teléfono, imaginé que sería ella, pero no, era Rodrigo Pérez, el representante de "Nigromantes", un periodista de la sección de Música de un diario porteño quería hacer una nota, me preguntó si podía el Domingo a la tarde.  Le dije que si.  Corté.

Hiciera lo que hiciera, me acordaba de Thelma. Agarré el pepel rosa donde había dejado sus datos y levanté el tubo.  Colgué, lo volví a levantar, colgué.
A las 19 sonó el teléfono y está vez era ella.
-Hola, ¿Que estás haciendo?
-Nada.  Escucho Vivaldi y trabajo.  ¿Y vos?
-Que aburrido. Estudio.  ¿Que hacés esta noche?
-Nada.
-Yo me junto con unas amigas y después paso a visitarte, ¿está bien?.
-Si.
Me bañé, me afeité, me vestí, preparé la cena para dos y me puse a ver un viejo film sobre la 2° Guerra Apache:  un grupo de valientes soldados novohispanos rescatan a una bella cautiva en 1851 y por supuesto, el gallardo capitán y la cautiva se enamoran. 
Me quedé dormido, cuando desperté estaban dando una comedia romántica de los '70.
Los tiempos de una chica de 18 años y los de un hombre de 38 son distintos.

Finalmente apareció, como a las 2.
Calenté la cena, tomamos un vino tinto y charlamos.  Se mostró muy entusiasmada cuando le conté lo de la entrevista.
Hicimos el amor pero no se quedó.  Llamé a un taxi y la vi irse.  Insistí en que me mandara un mensajito apenas llegara, cosa que le pareció de viejo.  Puede ser, pero en caso contrario no dormiría tranquilo.  Thelma había pasado a ocupar un lugar, un lugar mucho mucho tiempo vacío.

Continuará...

viernes, 15 de octubre de 2010

Una de amor V

Nos desvestimos sin dejar de besarnos.  Estiró los brazos y le saqué el vestido por encima de la cabeza.  Tenía ropa interior blanca.  Primero el corpiño, luego la bombachita, quedaron el piso.  
Sus pezones eran rosados y turgentes.  Tenía el culo firme.
La besé en el cuello, los pechos y el abdomen, luego bajé a su coño.  Debo haberlo hecho bien, porque se corrió enseguida.
Volví a subir a sus tetas, su cuello, su boca.  La monté.  Unas cuantas sacudidas y dimos la vuelta, ella quedó encima mía.
Pensé que mi verga iba a explotar. Acabamos juntos.
 
Nos quedamos abrazados y nos dormimos una hora o así.  Volvimos a hacerlo.  Nos volvimos a dormir. Solo Dios sabe cuanta falta me hacía una buena cogida.

A la mañana siguiente, me levanté sin hacer ruido y preparé el desayuno.  Lo llevé a la cama y la desperté.  Joder, era hermosa.
Estaba de buen humor y pésimo aliento.  Se puso una remera mía, fué al baño, volvió y antes de desayunar, llamó por teléfono, supongo que a su casa.

Desayunamos.  Volvimos a hacer el amor.

Charlamos, nos contamos cosas.  Era la menor de tres hermanos, vivía con papá y mamá.  Estudiaba Sociología.  Papá era Agrónomo, mamá tenía un jardín de infantes.  Militaba en alguna agrupación política.

Cerca del mediodía, recogió sus cosas, se vistió, me dejó sus datos en un papelito rosa y se fué.  Quedó su perfume en la almohada.

El resto del Sábado me dediqué a las compras, tal como lo hacía cuando vivía mi mujer.  Escribí, contesté correos, miré los diarios.  Lo de siempre, motines de desempleados en los Estados Unidos, alguna ex colonia francesa en África se desangraba en una nueva guerra civil, unos oceánicos querían desprenderse del Virreynato de Filipinas, etc. Parráfo aparte mereció la propuesta de los escoceses independentistas, que le piden al emperador de la Mancomunidad que medie en su conflicto con los ingleses, tal como hizo Luis II con Irlanda allá al fin de la Primera Guerra Mundial y desembocó en la independencia de Eire.

Continuará...

martes, 5 de octubre de 2010

Una de amor IV

Abrí la puerta luego de luchar con las llaves (no estaba del todo sobrio) y entramos.
-Que arreglado está todo.
-Viene una señora los Jueves y algunos Martes.
-¡Guau, que biblioteca! ¿Los leiste todos? -preguntó.
-Claro.
Le llamó la atención mi revolving, heredado de una abuela,donde tenía más libros, fotos y adornos.
-¿Y quién es esta gente?
-Parientes y amigos.
-¿Cuál es tu mujer?
-Esta -dije señalando una foto enmarcada en madera oscura.
-¿Como era?
-Morocha de rulos, con ojos grandes...
-Eso puedo verlo por mi misma.  ¿Como era?
-Inteligente, buena, trabajadora.
-¿De que murió?
-Prefiero cambiar de tema.  ¿Querés tomar algo?
-¿Que tenés?
-Café, té, mate...
-¡Ja!
-Cerveza, vino, un par de licores, no soy un gran bebedor, a decir verdad.
-Bueno, un café y un licor me vendrían bien.
-Ya vuelvo, ponete cómoda.
-¿Donde está el baño?
Se lo señalé.  Mientras iba a la cocina, noté que se asomó al dormitorio.

Puse música, algo de Luisiana.  Hay buenos músicos negros que hacen Melanco, música de ex esclavos.  Ellos le llaman blues.  En el siglo XIX muchos
se pasaron desde Estados Unidos a nuestro lado.  No puedo culparlos.
Nos sentamos muy juntos en el sofá.  Bebimos el café y el licor, servido en copitas pequeñas.
Hablamos sobre el recital y sobre música en general.
Puso su mano en mi pierna y nos besamos suavemente.  Un hermoso beso.  Tomó mi mano izquierda y la guió hasta sus tetas.  Eran grandes y firmes.  Me empingué.


Continuará...

sábado, 25 de septiembre de 2010

Una de amor III

Cuando fue mi turno, Nacho me presentó, canté un par de temas (MIS temas, "Adalid de una causa perdida" y "Oscura", primer corte del disco del mismo nombre), hice monerías, al público le encantó y aplaudieron a rabiar. 
Cuando terminó el recital, cansados pero eufóricos, nos fuimos todos, la banda, novias, representante, amigos y técnicos a comer y beber a un restaurante de San Benito de Palermo.
-Ey, maestro, ¿no vas a presentarnos a tu amiga? -preguntó Tonio, el baterista.
-Ella es ...
-Thelma -completo la frase rapidamente la chiquita.

Era inteligente, aguda, muy culta para el común de las chicas de su edad.
Circularon 'fasos', pero ella no quiso, eso me gustó.
En un momento dado, las chicas se fueron al baño y los muchachos aprovecharon para gastarme.
-¡Bravo maestro, que carosito que se está comiendo! -gritó uno entre los aplausos de los demás.  Me limité a sonreir.

Cuando terminamos, salimos y le pregunté -¿Donde vivís?
Dió una dirección en Almagro. 
-Te paro un taxi y te mando a tu casa.
-Nada de eso, me voy con vos.

¿Que podía decir?  Paré un taxi conducido por un gordo de facciones porcinas, le di la dirección de casa y partimos.  Nos quedamos sentados en silencio.

El chofer no paraba de relojear por el retrovisor.  Thelma debió notarlo, porque me puso su mano en la barbilla y me besó en la boca.  Fue un beso largo y bueno.  El taxista no dejaba de mirar y temí por nuestra seguridad.
Al llegar, pagué y el tipo me guiño un ojo.

Continuará...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Una de amor II

Para Marzo del año siguiente, la banda ("Nigromantes") se había hecho bastante popular.  Estaban por sacar un disco debut y me llamaron.  Era Nacho, el cantante.
-¡Hey maestro! ¿Como va la cosa?
-Bien, muy bien.  ¿Y ustedes?
-Bueno, ¿Qué no lees el periódico?  Daremos un concierto en quince días en "La Olla".   
"La Olla" es un teatro bastante usado por las bandas de tango-fricción, el género musical de moda entre los jóvenes, las radios no hacen sino pasar tango-fricción todo el bendito día.  Algunos eran muy buenos músicos, pero la mayoría sonaban como aficionados.
-Muy bien, los felicito...
-Y queremos contar con tu presencia.
-Estás loco.  Ni en pedo.
-Hay una moneda importante.
-¿Cuánto?
-Tanto.
-Cuenten conmigo.
Así que el Viernes 4 de Abril de 2008, ahí estaba yo, ingresando a 'La Olla' por la puerta de los artistas.  Estaba a un costado, charlando y bebiendo unas cervezas con los de la banda, cuando uno de los tíos de Seguridad me señala a la gente que esperaba del otro lado de la barrera de contención y me dice que 'mi hija' trajo las partituras que olvidé.  Lo cual no dejó de sorprenderme porque nunca tuve hijos.  Estiré el cuello y ahí la vi, saludando con una mano y sacudiendo unos papeles con la otra.  Tenía un vestido rojo de mangas largas, justo por encima de las rodillas.  
Le hice señas y pasó.  Se me colgó del cuello y me dió un pico.  
Me tomó del brazo, sonriente y me mostró su documento de identidad.
-Pues ves, ya soy mayor de edad.
No le contesté.  Pero sonreí.

Continuará...

domingo, 5 de septiembre de 2010

Una de amor I

Recuerdo exactamente el día que la conocí, fue el 16 de julio de 2007.  Puedo aludirlo tan precisamente porque el día anterior el equipo de balompié (uno de los pocos aportes anglos a la cultura universal) del Rio de la Plata se había
consagrado campeón de la XLII edición de la Copa Mancomunidad Hispánica, jugada en el territorio del Virreynato de Nueva Granada, luego de vencer en vibrante final al combinado del Pacífico Noroeste por 3 a 0; y Buenos Aires, la ciudad más impotante del Hemisferio Sur, seguía de fiesta.  
Yo estaba en un café de la calle de la Victoria, disfrutando una ginebra con hielo.  Me había acercado a escuchar a una charanga de muchachos para los cuales había compuesto un par de canciones.  Es curiosa la historia de como me relacioné con ellos.  Fue en un sarao, yo estaba con mi amiga Maricarmen, la editora, cuando se acercó un gandul de la Banda Oriental y ella me presentó como 'eximio escritor y compositor'.  Charlamos un poco, quedamos en hablarnos. Me olvidé del tema.  Grande sería mi sorpresa al recibir dos días después su llamado.  Nos encontramos en una cochera donde ensayaban con el resto de la banda, les mostré mis escritos, les gustó y lo incorporaron a su repertorio.  Eso fue en Mayo.  
Y aquí estaba yo, como invitado.
La banda tocó mis temas, me presentaron y saludé tímidamente.


En el entretiempo, se me acercó una chiquilla.
-Hola, ¿Me invitas un trago?
La miré de arriba abajo.  El pelo rubio ceniza le caía en ondas sobre los hombros.  Tenía bellos ojos grises y una hermosa boca.  Sus labios estaban pintados de rojo carmín.  Tenía buenos pechos, para que negarlo.  Me hizo recordar a esa actriz de Los Ángeles, la Dolores Johansson.
-¿Cuantos años tenés?
-19 -mintió descaradamente.
-Vete.
-¿Que? ¿Acaso no te gustan las mujeres?
-Las mujeres si, las niñas no. -Y miré hacia el escenario.
Esto le picó y me contestó -Para mí que eres un maricotas.  No llevas anillo, un tipo soltero a tu edad, es medio sospechoso...
-De hecho, soy viudo.  Es solo que no salgo con menores de edad.
Se puso seria de repente.   Luego se acercó y me susurró en el oído -Nos vemos en unos meses, entonces.
Me besó en la mejilla y se fué.

continuará...

miércoles, 25 de agosto de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010

WEE, BLE, ISH, RUU, DAG, SET, BIR, FUG, VOT, CAA, GUV

Terribles dioses primordiales que existieron hace eones y duermen en lo profundo del Océano, debajo de ciclópeas ruinas, evitadas por los peces abisales, entre bosques de algas marinas movidas por las corrientes, aún adorados por oscuros sacerdotes, esperando despertar y recuperar el mundo que fue suyo.
 
Barbados héroes míticos, de poderosas hachas, cazadores de monstruos, cuyas hazañas se contaban alrededor de las fogatas bajo constelaciones extrañas o eran cantadas por juglares trashumantes durante regios banquetes en salones concurridos por bellas damas y grandes señores, iluminados por la danzante flama de las antorchas, salones hoy hundidos en las arenas de algún desierto innominado, donde solo las serpientes y los escorpiones se atreven.
 
Conjuros pronunciados por ancianos druidas, en lo profundo de umbríos bosques, lejos de cualquier aldea.
 
Continentes desaparecidos, países olvidados, comarcas arrasadas, hundidos por colosales cataclismos, otros nombres para Mu, Lemuria o la Atlántida.
 
O simplemente, patentes de automóviles que circulan por Buenos Aires, un día cualquiera.

jueves, 17 de junio de 2010

No soy de acá

Estoy solo. Camino por las calles de esta ciudad alienígena, bajo la llovizna, entre los nativos.
En realidad es una suerte que llueva, porque me permite usar mi impermeable, lo cual evita que mis 'exóticas' ropas se vean. Así paso desapercibido. La ropa es lo único que me distingue de los nativos. Habría que hacer un análisis genético y ver cuán iguales somos en realidad.

Descendimos en un descampado de las afueras, pero algo pasó y el transporte volvió a Nave-Madre sin mí. Buen momento para venir a enterarme que mi conexión no funcionaba correctamente.
No se bien como explicarlo, pero los nativos tienen posibilidades de vida muy diferentes. Dramáticamente diferentes. Algunos mueren de hambre o enfermedades facilmente evitables, pasan privaciones y otros disponen de satisfacción ilimitada.

Por lo que observamos desde órbita, será fácil conquistarlos. ¡Como que se están matando entre ellos! Aunque parezca mentira, terminan con la vida de otros. Es más, se realizan operaciones organizadas de grupos de individuos contra otros grupos. Tal vez la esclavitud que les brindaremos les resulte más llevadera que su estilo de vida actual.

Uno de ellos se me acerca.
-Disculpe jefe, ¿la parada del 141?
-Lo siento, no soy de acá.

viernes, 11 de junio de 2010

Las cinco reglas de Heinlein sobre el escribir

De acá, saqué esto:
Regla 1. Escribe
Suena absurdo, pero es lo último que la mayoría de los aspirantes a escritores están dispuestos a hacer. Dice Sawyer que no importa cuántos cursos y talleres tomes, la única manera de convertirte en un escritor es escribiendo. De cien aspirantes, apenas la mitad tendrán la entereza de sentarse a hacerlo.

Regla 2. Termina lo que empieces

No se puede aprender a escribir sin haber escrito una historia de principio a fin. Y sólo hasta entonces, teniendo una unidad será muy fácil ver qué partes funcionan y cuáles no. De los cincuenta aspirantes a escritores del principio, veinticinco son incapaces de ternimar nada.

Regla 3. No te claves en la correción

"Las obras se abandonan, no se terminan", cita Sawyer. Hay que saber en qué momento dejar la obra pues se corre el riesgo de corregir y reescribir inteminablemente. "Aunque muchos principiantes no lo crean, un (buen) editor sabrá decirles qué corregir", apunta Sawyer. "Cualquiera termina una novela", me dijo alguna vez Juan Hernández Luna, "pero no cualquiera la corrige." De los veinticinco aspirantes que quedaban, doce son incapaces de terminar sus correcciones.

Regla 4. Debes colocar tu obra en el mercado
Puedes vivir en la fantasía de que eres un escritor profesional, dice nuestro autor, pero no será realidad hasta que no haya alguien dispuesto a pagarte dinero por lo que escribes. A diferencia del mercado anglosajón, donde aún persiste un modesto circuito de revistas que compran cuentos, en nuestro medio es necesario presentar a dictaminación tu novela o mandarla a concursos. Esto último fue lo que me abrió las puertas del mundo editorial, con Tiempo de alacranes. En cualquiera de los dos casos, hay que colocar el trabajo ahí donde pueda ser publicada y producir dinero. Seis de los doce aspirantes a escritores que restaban serán incapaces de encontrar salida para su novela.

Regla 5. Debes mantener tu trabajo en el mercado hasta que se venda

¿Fuiste rechazado de una editorial? Mándalo a otra. ¿No te mencionaron en aquel concurso? Manda tu novela a otro. Y a otro. Y a otro. Hasta que encuentre su casa editorial. No te desanimes, habrás de enfrentarte muchas veces con el rechazo. Insiste. Yo mismo tardé casi ocho años desde que terminé de escribir Gel Azul hasta que se publicó en México. Me la rechazaron de dos editoriales y perdió cuatro concursos hasta que halló su camino (e incluso ganó un premio Ignotus). Algo similar le pasó a Ladrón de sueños. De los seis escritores que nos quedaban, tres tirarán la toalla desanimados por los rechazos.

Regla 6. Empieza a trabajar en tu nuevo proyecto

De inmediato. Esta es la regla que añade Robert J. Sawyer. No esperes a que se publique tu obra anterior. Sólo así podrás tener un cuerpo significativo de trabajo como para considerarte un escritor profesional. Y si te bloqueas a la mitad, empieza algo nuevo, siempre que te remitas a la regla número 2. De los tres escritores que nos quedaban, sólo uno tendrá la entereza para seguir escribiendo.

domingo, 6 de junio de 2010

De lo que aconteció al Mostro en uno de sus viajes

En una pequeña aldea, enclavada en un hermoso valle, todos parecían muy tristes. Acertó a pasar por el lugar El Mostro, quién se hallaba paseando por dimensiones alternas.
Detuvo a una niña muy bella y muy bien dotada y de largas trenzas rubias y la interrogó:
-Bella niña de senos prominentes, ¿Porque lucen todos tan tristes en esta comarca?
-Es a causa de los ataques de un malvado dragón, extraño viajero de mirada penetrante y manos inquietas.
-¿Un drogón? ¿Porque no llaman a la cana?
-No, no, no. Un DRA-GÓN. Y por favor, quita tus manos de mis pectorales.

Viendo la oportunidad de ganar el corazón de la muchacha, El Mostro se reunió con las fuerzas vivas del poblado (alcalde, boticario, herrero, abad, etc) y les propuso un plan. Iría a hablar con el dragón, lo atraería a una trampa, ellos lo matarían, mientras los niños serían escondidos en un lugar seguro. Todo eso a cambio de una cantidad de monedas de oro y plata.
Y así lo acordaron. El Mostro se dirigió a las montañas tenebrosas donde moraba la terrible bestia.
Al anocher regresó y contoles que el dragón, no era muy listo y había caído en la trampa. Todos los hombres se dirigieron entonces al lugar acordado, blandiendo hachas, palos, guadañas, palas y horquillas.
Mientras tanto, El Mostro y los niños se escondieron en una cueva cercana. Y El Mostro prendió un fuego en la cima de una colina.
Era la señal que el dragón esperaba. Fue entonces cuando se abalanzó sobre el poblado y las indefensas mujeres que allí moraban, arrasando todo a su paso, con saña voraz.
Mientras tanto, El Mostro huyó con la bella niña de senos prominentes y largas trenzas rubias (a la que sometió a sus bajos instintos), las monedas de oro y plata. A los niños los vendió a unos traficantes de esclavos sarracenos, con lo que llenó aún más su bolsa.

Moraleja: Desconfía de los monstruos, porque entre ellos se entienden.

domingo, 2 de mayo de 2010

Vecinos

Marina estaba en su terraza, descolgando ropa, mientras tarareaba "El vals de las flores", del "Cascanueces", cuando una ráfaga de viento capturó una de sus tangas, arrojándola por sobre la pared medianera.
Marina vive sola en un minúsculo PH, cerca de Parque Centenario. Solía lavar su ropa en un laverrap cercano, pero desde que retomó la universidad (con todos los gastos que ello implica), lo hace ella misma los sábados.
Encaramándose a un cajón de cerveza, resabio de una fiesta, se asomó por sobre la pared lindera, buscando la prenda. Lo primero que observó fue a su vecino, un chino o coreano, trabajando con un artefacto, mezcla de antena televisiva y escultura de Xul Solar. La bombachita estaba a solo unos pasos del chino (o coreano). Rara vez lo había visto y mucho menos habían cruzado palabra.
-"¡Hola!" gritó Marina.
El pobre chino pegó un salto, como un chico atrapado cometiendo una travesura.
-"Disculpe, no lo quise asustar. Se me voló eso..." dijo, señalando timidamente a la tanga.
El chino, sin decir palabra, pero con una rara sonrisa, caminó, se agachó, tomó la bombacha y se la alcanzó.
"Que raro es este vietnamita o laosiano o lo que mierda sea. Camina como un pingüino y se agacha como un robotito." pensó Marina.
-"Muchas gracias, y disculpe".
El japonés o filipino apenas hizo un gesto con la cabeza y se metió dentro de su casa.
Marina volvió al "Cascanueces" y a la ropa y se concentró en que cocinaría esa noche.

-"La mujer de al lado me dió un susto tremendo." dijo el chino.
-"¿Que pasó?" preguntó una mujer, obviamente china o coreana.
-"Estaba trabajando en el transpondedor, y se le cayó una ropa. Y me habló."
-"¡¿Y que hicistes?!", respondió  alarmada.
-"Nada. Se la alcancé y me metí dentro. Igual ya había terminado."
-"¿Crees que sospecha algo?"

-"No, quedate tranquila." Y con ambas manos comenzó a sacarse la máscara de humano, para dejar al descubierto unas facciones insectoides, de un verde iridiscente.

viernes, 30 de abril de 2010

Propuesta

El embajador Ceafi Koer CaMer, de la Amalgama Cooperativa Estelar, hizo unos ruidos con su nariz de tapir y dijo con su voz de castratti, la cual contrastaba con sus dos metros veinte de altura.
- No sstros himos... Tosió un par de veces y recomenzó, ante la mirada atónita y expectante de los representantes de la ONU.
- Nosotros hemos estado observándolos desde la primera emisión de radio, hace casi 100 de sus años.
- Que inesperado, dijo el representante español.
- Che inaspettato, dijo el embajador de Italia.
- What unexpected, dijo John Jackson, de EE.UU.
- Quoi inattendu, afirmó a su vez el gordito francés.
- Was unerwartet, no se quedó atrás el rubicundo alemán.
- Chin kung chan go jo pen, asintió el pequeño chino sonriente.
El embajador Ceafi Koer CaMer y sus 2 compañeros parecían tapires barbudos. Una semana atrás una nave de la Amalgama Cooperativa Estelar, con forma de bidet se puso en órbita terrestre y entró en contacto con la humanidad. Se arregló una reunión y la nave descendió en algún lugar de la Patagonia.
- ¿Y con que objeto? espetó a boca de jarro el enviado argentino, mirando al embajador de arriba a abajo, con gesto casi rídiculo de tan desafiante.
- Su cultura nos parece... fascinante.
Los terrestres sentados ante la mesa de reuniones se hincharon de orgullo.
- Nunca, en nuestros viajes, hemos encontrado una civilización con semejante nivel técnico, pero a la vez tan bárbara y salvaje. Nunca habíamos encontrado una raza inteligente que se matara a si misma.
Los terrestres sentados ante la mesa de reuniones se sonrojaron y bajaron la vista, avergonzados.
- Precisamente, por este motivo, tenemos una propuesta que hacerles.
- ¿Una propuesta? ¡Maravilloso!, exclamó el embajador español.
- ¿Una proposta? ¡Meraviglioso!, se emocionó el italiano.
- A proposal? Wonderful!, se entusiasmó el yanki.
- ¿Un proposition? ¡Merveilleux!, aplaudió el francés.
- ¿Ein Vorschlag? ¡Wunderbar!, expresó el germano.
- ¿Jo fung? ¡Cheking fu!, se alegró el chino aún más sonriente.
- ¿Y que clase de propuesta? preguntó el enviado argentino, que para ser el anfitrión, se mostraba bastante desconfiado, casi descortés.
- La Amalgama Cooperativa Estelar está siendo agredida por los...
Tardó un poco el embajador Ceafi Koer CaMer en encontrar la palabra justa.
- ... piratas de las Nebulosas Exteriores. Necesitamos introducir elementos agresivos para solucionar el problema. Pensamos en ustedes. Nos llevaremos a todos sus violentos. Serán excelentes guerreros..

viernes, 9 de abril de 2010

Despertar


Me despierto de golpe. Estaba soñando con El Método Greyskull, Grönholm o como se llame. 
Estiro los brazos hasta tocar la pared detrás del inexistente respaldo de la cama. También estiro las piernas, lo que provoca que las sábanas de color rosa viejo se deslicen de la cama y tapen a la gata, que duerme en un almohadón en el piso. El felino, obviamente, no se inmuta.
Me siento y tanteo con los pies buscando algún calzado. Encuentro una pantufla azul y una zapatilla negra, ambas del pie izquierdo.
Opto por la "descalcés".Voy tanteando hasta el baño, donde pisho una larga y poderosa meada. Es increible la cantidad de líquido que se puede juntar en la vejiga durante 6 horas de sueño.
Me lavo la cara y las manos, le saco la lengua al espejo y me dirijo a la cocina.
Pongo la pava para el mate y preparo café, aún no me decido que tomaré.
Mientras sintonizo la radio, Luna se trepa a la mesada y me reclama mimos.
Con la gata aún en brazos, me acerco a la ventana y descorro la cortina, para ver como viene el clima.
Y casi me caigo de culo.
El familiar paisaje de edificios residenciales y comercios de cuero ha mutado. Villa Crespo se ha convertido en unas futurístas Tokio, Kuala Lampur o Shangai.
[20060424_PointofView_full.jpg]Unas torres de decenas de pisos, unidas por puentes a una altura increible ocupan el centro del panorama. 
Incluso pareciera que la ventana desde la cual miro está a cientos de metros sobre el suelo.Un río cristalino atravieza esta nueva ciudad.
Alcanzo a distinguir vehículos aéreos, similares a viejos Fords o Chevrolets de los años 40, pintados de colores vivos y brillantes.
La gata se mueve inquieta.
Abro los ojos y veo que aún estoy en mi cama. Desde un rincón, Luna me mira con sus ojos amarillos.

domingo, 7 de marzo de 2010

Traición

José se levantó más moucho, más embotado que de costumbre.
Arrastró los pies hasta el baño y se lavó la cara. Miró la imágen que le devolvió el espejo y pensó que definitivamente no tenía buena cara.
Un sentimiento de inquietud repentina le hizo volver rapidamente a su cuarto. Allí, sobre el escritorio, estaba el pendriver. Alzarlo le devolvió la tranquilidad.
Parte de la culpa de su embotamiento la tenía el calor que no dejó de apretar en la última semana, día y noche. Pero también las botellas de Cabernet-Sauvignon que había tomado en la casa del Negro

El Negro era escritor, aún no reconocido, se ganaba unos mangos escribiendo críticas literarias, ensayos cinematográficos y otras huevonadas. Pero no sabía nada de computación, era casi fóbico a la tecnología. José lo había convencido para que deje de lado la vieja Remington comprada en un remate judicial y adquiriera una PC en cuotas, y una impresora.

Una o dos veces por semana, José visitaba el altillo del barrio del Once donde el Negro vivía y le revisaba la máquina y evacuaba dudas. A cambio, el Negro cocinaba o compraban unas empanadas y se tomaban algún vinito.
El Negro era gay.  A José eso no le molestaba, ninguno se metía con la sexualidad del otro. Al contrario, la condición reconocida de gay de su amigo le servía (y le serviría aún más durante la investigación policial), para mejorar su apariencia, gracias a los consejos que el Negro le daba y a la proliferación de mujeres que revoloteaban a su alrededor.

Anoche había visitado al Negrito por última vez. Pidieron empanadas (dos de carne picante y una de pollo para José, una de verdura, otra de queso y cebolla y la tercera de tomate, albahaca y queso para el Negro).
Abrieron y tomaron tres botellas de un tinto mendocino espectacular y charlaron.
El Negro insistió en pagar él y cuando sonó el timbre, mientras José destapaba el vino, corrió radiante a atender al pibe del delivery, como esas novias de películas norteamericas, que corrían a recibir al joven (invariablemente llamado Bill o Jack o Hank) que volvía de la guerra en el Pacífico o Europa. Incluso le dejó una buena propina al chaboncito.
-¿Que te pasa que estás tan contento?
-¡Acabo de terminar mi novela! Y, modestia aparte, creo que será un best-seller.
-¡Te felicito Negro!
Y apenas terminó de decir esto, el plan nació en su mente. A medida que la velada avanzaba (y el vino se "evaporaba"), el plan fue tomando forma.
Y cuando la tercera botella se terminó, José la tomó y con ella le partió la cabeza.
Lo demás son solo detalles. Desnudar el cuerpo exánime de su amigo (ahora su víctima), meterle un vibrador en el culo, llenar la bañera, meterlo dentro, limpiar la escena.
Levantó el archivo novela.doc y otros archivos en el pendriver, borró todo rastro en la PC.
Cargó en un bolso algunas cosas de valor para aparentar un crimen (en el camino se deshacería de él) y se fue, con otra ropa puesta, por las dudas algún vecino insomne lo viera salir.
Llegó a su departamento y se acostó.
A media mañana llamó a la casa del Negro, pero obviamente nadie atendió. Dejó un mensaje casual, "¿Como andás Negrito? ¿Te parece que el martes pase por tu casa? Avisame. Chau."
El martes volvió a llamar. El jueves lo llamó la policía, apenas descubierto el cadaver. Fue a la morgue a reconocer el cuerpo, hasta lloró y todo (solo Dios sabía la falta que le hacía descargarse).
Declaración ante un suboficial gordo y sudoroso. Crimen pasional seguido de robo, estos putos terminan así dijo el policía (luego pidió disculpas por el término), se levantan a un chongo y después aparecen muertos culoparriba, uno o dos de estos casos tenemos al mes, lo peor es la familia, seguía diciendo el cana, que a veces se entera de esta forma que el muerto era trolo. Vaya nomás.
José salió de la comisaría pensando en la guita que ganaría con la novela. Seguro se la dedicaría al Negrito, pobre, es lo menos que podía hacer.

domingo, 14 de febrero de 2010

Juegos

3:15 AM
Húmedad del 99% que me cala hasta los huesos. 
Camino sigiloso pegado a las fachadas, fijandome donde piso.Las nubes cargadas impiden ver la luna, con cuya luz contaba para paliar la oscuridad.
 Sin previo aviso, surge de un portal un gato. Me pongo en guardia. 
Más asustado que yo, me dedica un lastimoso "maeuuu" y se pierde entre los autos estacionados.  
Exhalo, me relajo y sigo. Más allá un barrendero junta unas hojas amarronadas. 
¿Barrendero?
FIZZZZZZZZZZZ

 ¿Como no me dí cuenta? Me distraje por el puto gato.
 Mientras caigo de espaldas, las nubes se abren un poco y alcanzo a ver una estrella, quizás Procyon.

-¡Que buen agujero! ¡Se puede ver para el otro lado! 
-Me encantan estos humanos, como huelen sus carnes cuando los laserás. 
-¡Que buen truco lo del gato! 
-No, en eso no tuve nada que ver, salió de casualidad. 
-¿Jugamos otro? 
-Bueno, pero vayamos ahora del lado diurno del planeta, ¿dale? 
-Dale.

domingo, 7 de febrero de 2010

Amor sin barreras

Triste la historia de Monique Temperno, destacada zoóloga francesa, quién en 1934 viajó al Congo, integrando una expedición naturalista.
Apenas desembarcados en Brazzaville, capital de la colonia, Monique se abocó al estudio de la flora y la fauna local, realizando con celo profesional sus tareas.
Llegó a descubrir y catalogar 4 especies nuevas de mamíferos, 2 de reptiles y 4 de aves. Su mayor aporte fue el descubrimiento de la hoy extinta Ave Hemorroidal. Precisamente, la observación de una de estas aves, en pleno período de celo y con los atributos que le dan nombre desplegados al máximo, fue la causa de su desdicha.
Efectivamente, persiguiendo un magnífico ejemplar, cruzó inadvertidamente la frontera con el Sululato de Mondongo, tierra bravía, vedada a los ojos europeos.
Hete aquí que la pobre Monique Temperno fue atrapada por una tribu de los infames gorilas garchadores de Mondongo. Tres días estuvo la infausta en las garras de esos malvados seres, verdadera aberración de la naturaleza, sometida a toda clase de vejámenes, hasta que fue rescatada por un escuadrón de la Legión Extranjera.
Pero el daño estaba hecho.
Fruto de la bestial relación,  nueve meses más tarde nacía Jean Luc, su único hijo, quién a pesar de todo, continuaría sus estudios científicos.  Jodida fue sin duda la infancia y la adolescencia del pobre Jean Luc. Aunque se destacó en los deportes, nunca se pudo sentir integrado, por el contrario, en todo momento se sintió segregado, siendo blanco fácil de las puyas de sus condiscípulos, quienes le apodaron l'anthropoïde, garçon poilue, petit gorilla, le pelotudé, etc.
Jean Luc, ya con un título de la Sorbone en su haber, viajo en 1962 al Congo, con el objeto de pasar al Sululato de Mondongo, en busca de sus raices paternas, pero fue atrapado por un comerciante de animales y vendido a un circo norteamericano.
Jean Luc posteriormente logró establecer su identidad y hasta su jubilación en 2003, enseñó Antropología en la Sorbone y Oxford.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Perro habría sido violado por alienígena


La noticia primero nos causó risa pero luego nos conmovió hasta las lágrimas.
Aprovechando que el Tolo Gamuzzi, nuestro fletero amigo, se dirigía al sur, nos embarcamos una vez más en una verdadera odisea periodística, quién suscribe y el inefable Tolo, conocedor de la zona.
Efectivamente, en la localidad de Ezpeleta, partido de Quilmes, en las inmediaciones del cementerio municipal, casi lindera, existe una casilla precaria. Este sería el lugar donde se perpetró el repudiable hecho, que mancha, irremediablemente, las relaciones Tierra-Resto del Cosmos.
Una vez en el lugar fuimos recibidos por Luis "Salchichón" Domínguez, caracterizado vecino de la zona, suscitándose el siguiente diálogo:

Tolo: ¿Por qué le dicen "Salchichón", don?
Luis "Salchichon" Domínguez: Vení que te explico, comuñe... -contestó Luis, con un tono de voz similar a un papel de lija.
Yo: Gracias pero no es necesario, además no hace al hecho que nos compete.
T: ¿Usted conoce al perro, es decir a la víctima?
LSD: ¿Conocerlo? ¡Era mío!
Se emociona ostensiblemente don Salchichón y se le quiebra la voz, pero un quiebre de macho argento, nada de quiebre a lo "Miranda".
Le da una pitada larga a su Imparcial sin filtro.
LSD: Lo crié desde cachorro. Un día cirujeando lo encontré y me lo traje. Chicho le puse. ¡Chicho! le gritaba y el venía corriendo, sabiendo que algún güesito iba a encontrar.
Hasta el Tolo, que es un oraguntán con ropa, reconoce el dolor ajeno y hacemos un profundo y reverente silencio, solo quebrado por Salchichón sorbiendose los mocos.
T: Cuéntenos como fue el hecho.
LSD: Yo estaba mirando el baile del caño, cuando el Chicho se puso tenso y empezó a ladrar. Creyendo que se trataba de un gato o un ratero, le abro la puerta del fondo. Entonces los ví.
Por la pinta me di cuenta que eran de otro planeta. Parecían mujeres pero hablaban con voz gruesa, de hombre, hasta músculos de hombre tenían.
Usaban unas botas plateadas de taco altísimo y unas musculosas, llenas de brillitos. Tenían cadenas y collares. Y los peinados que tenían! Unas cosas así, de colores raros... Uno de ellos lo agarró al Chicho, se levantó la pollerita y sacó un socotroco. Yo estaba paralizado. Y ahí nomás...me da escalofríos de solo acordarme.
Yo: Calmesé. Digamé Don Luis, ¿Usted estaba tomando algo mientras veía el baile del caño?
LSD: Y.. ya iba por la segunda panzona de Termidor.
Yo: ¿Y alguna otra cosita?
LSD: Lo de siempre, un paco. Me gusta fumarme uno mientras miro la tele. Yo mismo me los hago.

Con otro caso dilucidado, emprendimos el regreso en el colectivo 159, ramal "1", ya que el rastrojero había desaparecido. Afuera anochecía y los travestis iniciaban su ronda nocturna.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Predador

Hace 10 días que en la oficina cambiaron a la señora de la limpieza.  Lo primero que le dijeron cuando entró fue :
-"Angélica, acá el principal problema son las cucarachas. Parece que no hay insecticida que las mate."
-"Quedate tranquilo, che Don Diego, yo me voy a encargar de esos bichos."
Hace 10 días que en la oficina no se ve ni una sola "cuca".
Diego la felicitó a Angélica antes de irse. Angelíca sonríe y se sonroja.
Hace ya una hora que todos los empleados se fueron. Angélica está lavando las tazas, mientras escucha a "Los del Ivotí".
Un par de antenas se asoman entre el zócalo y el piso. Son seguidas por el resto de una cucaracha.
Angélica abre la boca y su lengua se dispara como una saeta, atrapando al insecto. La mujer muerde y traga, y sige lavando, mientras tararea un chamamé.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Jack

El rubio Jack Johnson se acurrucó en el portal de una casa. Hasta él llegaban los ecos de la batalla. Gritos, lamentaciones, disparos, explosiones.
"¿Que mierda estoy haciendo acá, tan lejos de casa?" se preguntó. Y recordó.
Se había enamorado de la dulce Mary. De su pelo, de su piel, de su perfume. Tuvieron un par de encuentros furtivos en el límite entre ambas granjas, donde se amaron con la pasión que solo se puede tener a los 17 años y se prometieron amor eterno.
Sin embargo, un día su padre, viudo desde hacía algún tiempo, le anunció que se casaría con ella en unos meses, a cambio de una sustancial dote.
Mary se instaló en la habitación paterna. De noche Jack podía escuchar los gemidos, risas y jadeos a través de la delgada pared. La dulce Mary se había convertido en la desdeñosa e impúdica Mary.


Por la esquina pasan hombres corriendo. Desde el portal, Jack no alcanza a ver si son enemigos o de los suyos. Se acurruca aún más.


La furia fue creciendo dentro de Jack y una noche de verano, luego de una especialmente ruidosa noche de lujuria, entró al cuarto de su padre. Ambos estaban dormidos y desnudos, una pierna de ella sobre el voluminoso vientre de él. Pensó en su madre, pidió perdón a Dios y los acuchilló. Primero a su padre, quién no alcanzó a despertar, seguramente alcoholizado. Mary abrió los ojos y lo miró cuando hundió el puñal entre sus senos y la sangre, roja como el vino, se deslizó por su vientre, blanco y terso.
Soltó a los animales, prendió fuego a la granja y huyó.
Se enroló en el ejercito con un nombre falso. Casi de inmediato lo subieron a una nave. El viaje fue una pesadilla, Jack no paraba de vomitar. ¡Él era un granjero, no un marino!
Las tropas desembarcaron y avanzaron sobre la ciudad, a la que creían indefensa. Pero los nativos se defendían casa por casa. Pronto Jack se encontró separado de sus compañeros y se escondió en el portal de una casa.
Comenzó a llover en una fría mañana porteña de julio de 1807.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Del otro lado

¿Como describir lo que siente una pelusa al ser atrapada por una aspiradora?
Así me sentí cuando el hoyo negro me atrapó.
Estaba en órbita, solo en mi pequeña cápsula. Una misión rutinaria, mi objetivo era probar instrumental y equipo. Mi país estaba dando sus primeros pasos en el cosmos.

Sin aviso previo, una fuerza comenzó a jalar de la cápsula. Lo único que distinguí fue una distorsión sobre el fondo de las estrellas. Fue todo muy rápido y apenas si tuve tiempo de preocuparme.

Nunca tomé drogas alucinógenas, pero una vez dentro del hoyo todo se deformó y los colores cambiaron, supongo que eso debe sentir un adicto a los psicotrópicos.

Y luego salí, del otro lado. ¿Estoy cerca o a millones de parsecs? Da lo mismo, nadie vendrá por mí.
Ya pasó una hora y puedo confirmar que el envión me empujó en dirección a un planeta ¿Será el mío? Por las dudas, me aferró al comunicador, pero nadie me contesta.

Dos horas desde mi salida del hoyo. Entro en una órbita decreciente.
Doy gracias por el entrenamiento recibido. Siendo inevitable mi descenso, logro maniobrar para evitar caer en un mar. Me poso en un valle. Ni siquiera me preocupo en comprobar si la atmósfera es respirable o la temperatura aceptable ¿para que? Morir asfixiado en la cápsula o afuera me da igual.

De detrás de unas rocas se me acerca un ser, armado con una lanza corta. Es evidente que no estoy en mi planeta.
Le dirijo un breve saludo. El ser me contesta y repite una palabra, tocándose el pecho, debe ser su nombre, algo así como "Gilgamesh".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Un viaje en subte

Me subo al subte en Malabia y milagrosamente, consigo un asiento libre. Debe ser como dice Antonio, el electricista nomás, eso de "visualizar" un asiento y el asiento aparecerá.
Me acomodo entre una señora sesentona gorda, con el pelo color kerosen y un oficinista con aspiraciones de yuppie que lee una revista de 'ai-ti-bisnes'. Enfrente hay una señorita rubia que duerme con la boca abierta y un pibe (con aspecto de cadete) de pelo grasoso, que mira de reojo el generoso escote de la rubia.
Cierro los ojos para descansar un poco la vista. Esa es la excusa oficial; en realidad me hago el dormido para no dejar el asiento que supimos conseguir a ninguna embarazada o anciana que eventualmente pudiera o pudiese subir.

Siento que me tocan. Es la señora de pelo color kerosen que me habla. Debe ser extranjera, danesa, sueca o lituana, que se yo. Trato de hacerme entender en inglés pero no hay caso. La tipa menea la cabeza y se levanta. Miro a mi alrededor y veo que todos se bajan, incluso la rubia que dormía y el pibe (con aspecto de cadete) de pelo grasoso.
Pienso que llegamos a L.N. Alem, cabecera de la línea B, pero no reconozco la estación. Me fijo en los carteles y para mi horror, están escritos en una grafía desconocida."Calma Dieguito, es ese medicamento para presión, que te tiene a mal traer" me digo.
Sigo a la multitud que emerge a la superficie y desemboco en una ciudad extraña, de una arquitectura lovercraftiana. Escucho conversaciones en la misma lengua dura y cortante en la cual
me habló la sesentona.
Mi desconcierto va en aumento, pero alcanzo a imponer mi lado lógico y racional. "Si pasé a otra dimensión viajando en subte, debería volver a mi "propio lado" de la misma forma".
Así que me meto en la extraña estación, busco lo que parece ser una boletería y me acerco a la ventanilla. Sonrío a la boletera, le hago "uno" con el índice y le paso un billete de 2 pesos. La tipa lo mira, dice algo y me lo devuelve. Me quedo paralizado, la gente de atrás refunfuña y la boletera le hace una seña a un guardia. Cuando el tipo se me acerca, retrocedo y cuando intenta tomarme por el brazo, le pateo las bolas.
Y comienzo a correr. Y salgo a la calle y sigo corriendo...


Hace cuatro horas que estoy dando vueltas por esta metrópolis de pesadilla, esquivando a sus raros autos de 3 ruedas.
Finalmente encontré otra estación de subte. La estoy vigilando. En cuanto el guardia se descuide, me meto.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los verdaderos dioses III

Tercera parte y epílogo

Así como se había desvanecido en la nada, el centurión T’ampax reaparece ante la atónita mirada de los demás.
-¿Qué pasó?
-¡Usted desapareció! – exclama el viejo guerrero klingon - ¿Cómo se siente?
-Bueno, me siento bien, ...renovado, si esa es la palabra.

Los asistentes a la reunión, Q incluido, no pueden salir de su estupor. En ese momento se escucha la voz de Riker por un intercomunicador.
-Capitán, mensaje urgente de la flota, prioridad alfa.
-Lo tomaré aquí, Número 1.

Una almirante aparece en la consola ubicada sobre la mesa de reuniones, la cara radiante de felicidad.
-¡Felicitaciones Picard! ¡No sé que ni como, pero las cosas vuelven a la normalidad en todo el cuadrante! ¡Lo hizo de nuevo Jean Luc!

No dejemos que los sueños mueran, que la imaginación se empaste.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Los verdaderos dioses II

Segunda parte

Buenos Aires, 2039.

Una bella mujer alta y pelirroja embala fotos, libros y otras cosas en diversas cajas. De vez en cuando una lágrima corre por sus mejillas y la limpia presurosa.

Dos adolescentes, una chica y un muchacho, curiosean aquí y allá. La centenaria casa está silenciosa, a no ser por ellos tres.

El varón, alto y el pelo del color del cobre como su madre, abre un baúl.
-¡Guaaau! Mirá esto.
-¿Qué es?
-La colección de “Viaje a las estrellas” del abuelo.
-¿”Viaje a las estrellas”? ¿Y eso que es?
-Una vieja serie de televisión. Abu era refanático. Me habló de ella. ¡Maaa, ¿podemos ver estos umms (Unidades de Memoria Multipropósito)?
La mujer asiente con un gesto distraído mientras piensa en que capacidad tienen los jóvenes para apartar los malos recuerdos y dejar de lado las vivencias dolorosas.

La chica y el muchacho pelirrojo conectan la umm etiquetada como “TNG – varios” al reproductor móvil. Una imagen se forma en el espacio entre el reproductor y la pared. Se ve una nave orbitando un planeta nuboso. Se oye una voz:
-Bitácora del capitán Jean Luc Picard, fecha estelar ....

- - o - -

sábado, 31 de octubre de 2009

Los verdaderos dioses I

Primera parte

La consola del oficial táctico, Teniente Comandante Worf, se encendió como un árbol de navidad.

-Capitán, nave romulana tipo D’Eridex descubriéndose a 1000 kilómetros a la una en punto. ¿Levanto escudos?
-No, no, señor Worf, los esperaba. Abra un canal.
Un rictus se formó en la cara del único klingon de la Flota Estelar y asintió levemente.

-Soy Jean Luc Picard, de la nave ...
-Dejemos las formalidades Picard. No tenemos tiempo que perder – interrumpió el centurión T’ampax.
-¡Por primera vez estoy de acuerdo con un romulano! - Ladró casi, desde la otra mitad de la pantalla visor el gran Torlicas, del alto concilio klingon.
-Bien, en ese caso, los espero en mi sala. Worf, envíe coordenadas de transportación. Consejera, Data... – con un gesto les indicó que le acompañaran. – Número 1, el puente es suyo; mantenga un ojo en nuestros invitados.

Deanna Troi, el comandante Data y Picard abandonan el puente con sus rostros serios hacia la sala de reunión. La tensión percibida por la consejera parece ejercer presión sobre sus sienes, pero procura disimular el malestar.

En la sala de reunión....
Los tripulantes del Enterprise, el comisionado klingon y el cónsul romulano sentados a la mesa. Todos se observan estudiándose mutuamente. Finalmente, Torlicas estalla:
-¡Debemos hacer algo! ¡No es honorable desaparecer así!
-Su malsano sentido del honor no ayudará ahora a su decadente imperio – le responde T’ampax.
-¡Romulano sin honor! ¡Defiéndase!
-Caballeros, caballeros – se interpone Picard – esto no nos llevará a nada. Sugiero que nos concentremos en el problema. – Dice mientras alisa su uniforme y vuelve a tomar asiento.
-Esto es peor que el Dominio, peor que los Borg. Cada día que pasa empeora. Una nave denobulana desapareció frente a mis ojos. – Y diciendo esto, Torlicas sacude su cabeza como tratando de borrar esa imagen.
-Algunas de nuestras colonias han dejado de comunicarse. El senado en Romulus está sumamente preocupado.

La bella consejera asiente con gesto adusto – Nosotros nos sentimos igual que ustedes. Puedo percibir angustia y ansiedad como nunca antes...
No termina de completar la frase. Su rostro demudado en una mueca de horror: frente a ella, el altivo romulano comienza a esfumarse....
-Data ¿Tiene alguna idea?
-Ninguna explicación lógica, pero...
-¿Pero que Data? – lo alienta el capitán
-Puedo teorizar...
-¡Teoríce Data!
-¿Qué tal si fuésemos una creación de la imaginación de una inteligencia superior?
Q! – exclama Troi.
En ese momento como respondiendo a un llamado ...
Mes amis! ¿Qué sucede?
-Q, ¿Estás detrás de esto?
-No, Jean Luc. Y no me mires así... El continuum empieza a preocuparse. Civilizaciones enteras se han esfumado. Realmente – poniéndose la mano derecha sobre el corazón – no tenemos nada que ver.
- - o - -

sábado, 10 de octubre de 2009

Descreidos

Sentado frente a su escritorio, Baglan estaba leyendo los informes nocturnos mientras degustaba un té negro, cargado, con tres cucharadas de azucar, uno de los 'vicios' que había adquirido durante esta misión (el otro era jugar a las cartas).  "Creo que sería un éxito importar esta bebida", pensó evaluando un futuro negocio.
En algún lugar a la izquierda de su visión, apareció, flotando en el aire, un ícono amarillo representando un sobre.  "Un anacronismo", pensó Baglan.  ¿Cuánto hacía que nadie había recibido o enviado una carta?
El color del sobre denotaba que era una comunición personal.  Un sobre rojo era una comunicación urgente y uno blanco un mensaje oficial.
Parpadeó rapidamente y el sobre se abrió, dejando salir una hoja de papel, que se expandió frente a sus ojos.

De: Dahaneh-ye Ġawri
Para: Baglan Bāmiyān
Asunto: TIR* (para tu regocijo personal)

La buena de Dahaneh-ye.  Siempre aportando un poco de humor.  ¿Que sería esta vez?
Hacía ya dos años y medio que estaba asignado a este puesto y la esperanza de que pasara algo realmente interesante iba dejando paso a la resignación.  Su subalterna y amiga Dahaneh-ye Ġawri siempre le ofrecía algo novedoso, que lo sacaba del tedio.  Porque esta misión era solo OeI, Observación e Informe, con lo cual se la mayor parte del tiempo su tarea se limitaba a interceptar las comunicaciones del objetivo, analizarlas e informar a la Central, como lo habían hecho sus predecesores en el cargo durante más de 60 años.

Dejó la taza sobre el escritorio y comenzó a leer...

Convencidos como estamos de la validez de la limitación relativista de superar la velocidad de la luz, no habría sin embargo ningún problema teórico en intentar construir naves para viajar por el espacio a velocidades sublumínicas. En lo que no piensan los creyentes en extraterrestres es en los enormes, prohibitivos costos que debería afrontar una cultura que quisiera explorar su galaxia. Es más que probable que la inversión requerida llevase al colapso financiero, económico y energético a quien lo intentara.

Si nosotros somos capaces de darnos cuenta de ello, no cabe duda que una potencial civilización técnica también lo será, viéndose obligada a pensarlo dos veces antes de lanzarse a una aventura de exploración y colonización de costo ruinoso y que no conducirá a beneficio económico ni cultural de ninguna clase.#

...

-¡Hahahahaha! -rió en la soledad de su cabina Baglan Bāmiyān -Estos terrestres me hacen reir, tan pagados de si mismos.... 
Por el ojo de buey podía divisar a la Tierra, que se recortaba nítida en el cielo lunar.  Parpadeó con otro de sus ojos para cerrar y archivar el mensaje y con uno de sus tentáculos volvió a tomar la taza.

* Trozo de Información Recuperada
# el texto completo es de Marcelo Dos Santos.
Los nombres 'extraterrestres' no son tales, son ciudades de sufrido Afganistán.

martes, 6 de octubre de 2009

Un hombre catastrófico

-Computadora, inicie grabación bitácora personal Alférez Dionisio Pachacutec Rodríguez, fecha estelar...


Odio la fecha estelar. En realidad no es que la odie, solo es que prefiero usar la vieja nomenclatura terrestre. La fecha estelar me parece tan impersonal, tan... . Bueno, nada. Veamos, hum, sí, 13 de septiembre de 2385.


¿Tendré que convencerme – UNA VEZ MÁS - que soy el único sobreviviente?


Todo sucedió muy rápido. Al entrar en una estación espacial (no sé si la 74 o la 47) fallaron los impulsores, la nave se incrustó en el puerto de amarre, arrasó a los operarios, los pasajeros, barrió la sala de control, el comedor, la bahía de carga. Estallaron las consolas, cayeron las mamparas, falló el control energético, hubo fugas de plasma.


No hay más que piernas y brazos por todas partes: bajo los asientos, en los pasillos, frente a los replicadores. De mi compartimiento (mi celda de castigo, bah, donde fui encerrado por una nimiedad) solo queda un pedazo de puerta. El campo de contención fue lo que me salvó. Duró lo suficiente para protegerme y luego se fué la energía.


Echo a un lado los cadáveres que me rodean, rectifico la prolijidad de mi uniforme, y salgo, lo más campante, sin una arruga en el pantalón.

Aunque preveo lo que sucederá, otras veces me embarco con la esperanza de que mis presentimientos resulten inexactos.


Yo soy - ¡qué le vamos a hacer! – un hombre catastrófico.

Como cuando me embarqué en ese crucero ¡de placer! en Rhisa. “Navegue al estilo del siglo XIX”, decía el folleto. Al tercer día de navegar se oyó - ¡en plena noche! – un estruendo metálico, intestinal, infernal. Y luego un ruido como de grasa frita. ¡Mujeres semidesnudas! ¡Hombres en calzoncillos! ¡Llantos! ¡Gritos!.


Mientras los pasajeros se empujan – a oscuras – al asalto de los botes de salvamento, yo aprovecho para zambullirme, y ya en el mar, contemplo, con la impasibilidad de un corcho, el espectáculo.


¡Horror! El buque cabeceó, tembló, las chimeneas tosieron, se sumergió y explotó.


¿Tendré que convencerme – UNA VEZ MÁS - que soy el único sobreviviente?



Inspeccioné el sitio del naufragio. Aquí y allá un salvavidas, una silla de mimbre, una aleta de tiburón. ¿NO ES QUE NO HAY DEPREDADORES EN RHISA? Calculo el rumbo, y después de batir todos los records en nado, entro, a las dos horas en el puerto de Nueva Nueva York.



¡Con qué angustia, con qué ansiedad, compruebo que que soy el único sobreviviente, porque yo soy - que le vamos a hacer – un hombre catastrófico!



(Homenaje a Oliverio Girondo)