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martes, 18 de mayo de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
Vecinos
Marina estaba en su terraza, descolgando ropa, mientras tarareaba "El vals de las flores", del "Cascanueces", cuando una ráfaga de viento capturó una de sus tangas, arrojándola por sobre la pared medianera.
Marina vive sola en un minúsculo PH, cerca de Parque Centenario. Solía lavar su ropa en un laverrap cercano, pero desde que retomó la universidad (con todos los gastos que ello implica), lo hace ella misma los sábados.
Encaramándose a un cajón de cerveza, resabio de una fiesta, se asomó por sobre la pared lindera, buscando la prenda. Lo primero que observó fue a su vecino, un chino o coreano, trabajando con un artefacto, mezcla de antena televisiva y escultura de Xul Solar. La bombachita estaba a solo unos pasos del chino (o coreano). Rara vez lo había visto y mucho menos habían cruzado palabra.
-"¡Hola!" gritó Marina.
El pobre chino pegó un salto, como un chico atrapado cometiendo una travesura.
-"Disculpe, no lo quise asustar. Se me voló eso..." dijo, señalando timidamente a la tanga.
El chino, sin decir palabra, pero con una rara sonrisa, caminó, se agachó, tomó la bombacha y se la alcanzó.
"Que raro es este vietnamita o laosiano o lo que mierda sea. Camina como un pingüino y se agacha como un robotito." pensó Marina.
-"Muchas gracias, y disculpe".
El japonés o filipino apenas hizo un gesto con la cabeza y se metió dentro de su casa.
Marina volvió al "Cascanueces" y a la ropa y se concentró en que cocinaría esa noche.
-"La mujer de al lado me dió un susto tremendo." dijo el chino.
-"¿Que pasó?" preguntó una mujer, obviamente china o coreana.
-"Estaba trabajando en el transpondedor, y se le cayó una ropa. Y me habló."
-"¡¿Y que hicistes?!", respondió alarmada.
-"Nada. Se la alcancé y me metí dentro. Igual ya había terminado."
-"¿Crees que sospecha algo?"
-"No, quedate tranquila." Y con ambas manos comenzó a sacarse la máscara de humano, para dejar al descubierto unas facciones insectoides, de un verde iridiscente.
Marina vive sola en un minúsculo PH, cerca de Parque Centenario. Solía lavar su ropa en un laverrap cercano, pero desde que retomó la universidad (con todos los gastos que ello implica), lo hace ella misma los sábados.
Encaramándose a un cajón de cerveza, resabio de una fiesta, se asomó por sobre la pared lindera, buscando la prenda. Lo primero que observó fue a su vecino, un chino o coreano, trabajando con un artefacto, mezcla de antena televisiva y escultura de Xul Solar. La bombachita estaba a solo unos pasos del chino (o coreano). Rara vez lo había visto y mucho menos habían cruzado palabra.
-"¡Hola!" gritó Marina.
El pobre chino pegó un salto, como un chico atrapado cometiendo una travesura.
-"Disculpe, no lo quise asustar. Se me voló eso..." dijo, señalando timidamente a la tanga.
El chino, sin decir palabra, pero con una rara sonrisa, caminó, se agachó, tomó la bombacha y se la alcanzó.
"Que raro es este vietnamita o laosiano o lo que mierda sea. Camina como un pingüino y se agacha como un robotito." pensó Marina.
-"Muchas gracias, y disculpe".
El japonés o filipino apenas hizo un gesto con la cabeza y se metió dentro de su casa.
Marina volvió al "Cascanueces" y a la ropa y se concentró en que cocinaría esa noche.
-"La mujer de al lado me dió un susto tremendo." dijo el chino.
-"¿Que pasó?" preguntó una mujer, obviamente china o coreana.
-"Estaba trabajando en el transpondedor, y se le cayó una ropa. Y me habló."
-"¡¿Y que hicistes?!", respondió alarmada.
-"Nada. Se la alcancé y me metí dentro. Igual ya había terminado."
-"¿Crees que sospecha algo?"
-"No, quedate tranquila." Y con ambas manos comenzó a sacarse la máscara de humano, para dejar al descubierto unas facciones insectoides, de un verde iridiscente.
viernes, 30 de abril de 2010
Propuesta
El embajador Ceafi Koer CaMer, de la Amalgama Cooperativa Estelar, hizo unos ruidos con su nariz de tapir y dijo con su voz de castratti, la cual contrastaba con sus dos metros veinte de altura.
- No sstros himos... Tosió un par de veces y recomenzó, ante la mirada atónita y expectante de los representantes de la ONU.
- Nosotros hemos estado observándolos desde la primera emisión de radio, hace casi 100 de sus años.
- Que inesperado, dijo el representante español.
- Che inaspettato, dijo el embajador de Italia.
- What unexpected, dijo John Jackson, de EE.UU.
- Quoi inattendu, afirmó a su vez el gordito francés.
- Was unerwartet, no se quedó atrás el rubicundo alemán.
- Chin kung chan go jo pen, asintió el pequeño chino sonriente.
El embajador Ceafi Koer CaMer y sus 2 compañeros parecían tapires barbudos. Una semana atrás una nave de la Amalgama Cooperativa Estelar, con forma de bidet se puso en órbita terrestre y entró en contacto con la humanidad. Se arregló una reunión y la nave descendió en algún lugar de la Patagonia.
- ¿Y con que objeto? espetó a boca de jarro el enviado argentino, mirando al embajador de arriba a abajo, con gesto casi rídiculo de tan desafiante.
- Su cultura nos parece... fascinante.
Los terrestres sentados ante la mesa de reuniones se hincharon de orgullo.
- Nunca, en nuestros viajes, hemos encontrado una civilización con semejante nivel técnico, pero a la vez tan bárbara y salvaje. Nunca habíamos encontrado una raza inteligente que se matara a si misma.
Los terrestres sentados ante la mesa de reuniones se sonrojaron y bajaron la vista, avergonzados.
- Precisamente, por este motivo, tenemos una propuesta que hacerles.
- ¿Una propuesta? ¡Maravilloso!, exclamó el embajador español.
- ¿Una proposta? ¡Meraviglioso!, se emocionó el italiano.
- A proposal? Wonderful!, se entusiasmó el yanki.
- ¿Un proposition? ¡Merveilleux!, aplaudió el francés.
- ¿Ein Vorschlag? ¡Wunderbar!, expresó el germano.
- ¿Jo fung? ¡Cheking fu!, se alegró el chino aún más sonriente.
- ¿Y que clase de propuesta? preguntó el enviado argentino, que para ser el anfitrión, se mostraba bastante desconfiado, casi descortés.
- La Amalgama Cooperativa Estelar está siendo agredida por los...
Tardó un poco el embajador Ceafi Koer CaMer en encontrar la palabra justa.
- ... piratas de las Nebulosas Exteriores. Necesitamos introducir elementos agresivos para solucionar el problema. Pensamos en ustedes. Nos llevaremos a todos sus violentos. Serán excelentes guerreros..
- No sstros himos... Tosió un par de veces y recomenzó, ante la mirada atónita y expectante de los representantes de la ONU.
- Nosotros hemos estado observándolos desde la primera emisión de radio, hace casi 100 de sus años.
- Que inesperado, dijo el representante español.
- Che inaspettato, dijo el embajador de Italia.
- What unexpected, dijo John Jackson, de EE.UU.
- Quoi inattendu, afirmó a su vez el gordito francés.
- Was unerwartet, no se quedó atrás el rubicundo alemán.
- Chin kung chan go jo pen, asintió el pequeño chino sonriente.
El embajador Ceafi Koer CaMer y sus 2 compañeros parecían tapires barbudos. Una semana atrás una nave de la Amalgama Cooperativa Estelar, con forma de bidet se puso en órbita terrestre y entró en contacto con la humanidad. Se arregló una reunión y la nave descendió en algún lugar de la Patagonia.
- ¿Y con que objeto? espetó a boca de jarro el enviado argentino, mirando al embajador de arriba a abajo, con gesto casi rídiculo de tan desafiante.
- Su cultura nos parece... fascinante.
Los terrestres sentados ante la mesa de reuniones se hincharon de orgullo.
- Nunca, en nuestros viajes, hemos encontrado una civilización con semejante nivel técnico, pero a la vez tan bárbara y salvaje. Nunca habíamos encontrado una raza inteligente que se matara a si misma.
Los terrestres sentados ante la mesa de reuniones se sonrojaron y bajaron la vista, avergonzados.
- Precisamente, por este motivo, tenemos una propuesta que hacerles.
- ¿Una propuesta? ¡Maravilloso!, exclamó el embajador español.
- ¿Una proposta? ¡Meraviglioso!, se emocionó el italiano.
- A proposal? Wonderful!, se entusiasmó el yanki.
- ¿Un proposition? ¡Merveilleux!, aplaudió el francés.
- ¿Ein Vorschlag? ¡Wunderbar!, expresó el germano.
- ¿Jo fung? ¡Cheking fu!, se alegró el chino aún más sonriente.
- ¿Y que clase de propuesta? preguntó el enviado argentino, que para ser el anfitrión, se mostraba bastante desconfiado, casi descortés.
- La Amalgama Cooperativa Estelar está siendo agredida por los...
Tardó un poco el embajador Ceafi Koer CaMer en encontrar la palabra justa.
- ... piratas de las Nebulosas Exteriores. Necesitamos introducir elementos agresivos para solucionar el problema. Pensamos en ustedes. Nos llevaremos a todos sus violentos. Serán excelentes guerreros..
sábado, 19 de diciembre de 2009
Perro habría sido violado por alienígena
La noticia primero nos causó risa pero luego nos conmovió hasta las lágrimas.Aprovechando que el Tolo Gamuzzi, nuestro fletero amigo, se dirigía al sur, nos embarcamos una vez más en una verdadera odisea periodística, quién suscribe y el inefable Tolo, conocedor de la zona.
Efectivamente, en la localidad de Ezpeleta, partido de Quilmes, en las inmediaciones del cementerio municipal, casi lindera, existe una casilla precaria. Este sería el lugar donde se perpetró el repudiable hecho, que mancha, irremediablemente, las relaciones Tierra-Resto del Cosmos.
Una vez en el lugar fuimos recibidos por Luis "Salchichón" Domínguez, caracterizado vecino de la zona, suscitándose el siguiente diálogo:

Tolo: ¿Por qué le dicen "Salchichón", don?
Luis "Salchichon" Domínguez: Vení que te explico, comuñe... -contestó Luis, con un tono de voz similar a un papel de lija.
Yo: Gracias pero no es necesario, además no hace al hecho que nos compete.
T: ¿Usted conoce al perro, es decir a la víctima?
LSD: ¿Conocerlo? ¡Era mío!
Se emociona ostensiblemente don Salchichón y se le quiebra la voz, pero un quiebre de macho argento, nada de quiebre a lo "Miranda".
Le da una pitada larga a su Imparcial sin filtro.
LSD: Lo crié desde cachorro. Un día cirujeando lo encontré y me lo traje. Chicho le puse. ¡Chicho! le gritaba y el venía corriendo, sabiendo que algún güesito iba a encontrar.
Hasta el Tolo, que es un oraguntán con ropa, reconoce el dolor ajeno y hacemos un profundo y reverente silencio, solo quebrado por Salchichón sorbiendose los mocos.
T: Cuéntenos como fue el hecho.
LSD: Yo estaba mirando el baile del caño, cuando el Chicho se puso tenso y empezó a ladrar. Creyendo que se trataba de un gato o un ratero, le abro la puerta del fondo. Entonces los ví.
Por la pinta me di cuenta que eran de otro planeta. Parecían mujeres pero hablaban con voz gruesa, de hombre, hasta músculos de hombre tenían.
Usaban unas botas plateadas de taco altísimo y unas musculosas, llenas de brillitos. Tenían cadenas y collares. Y los peinados que tenían! Unas cosas así, de colores raros... Uno de ellos lo agarró al Chicho, se levantó la pollerita y sacó un socotroco. Yo estaba paralizado. Y ahí nomás...me da escalofríos de solo acordarme.
Yo: Calmesé. Digamé Don Luis, ¿Usted estaba tomando algo mientras veía el baile del caño?
LSD: Y.. ya iba por la segunda panzona de Termidor.
Yo: ¿Y alguna otra cosita?
LSD: Lo de siempre, un paco. Me gusta fumarme uno mientras miro la tele. Yo mismo me los hago.
Con otro caso dilucidado, emprendimos el regreso en el colectivo 159, ramal "1", ya que el rastrojero había desaparecido. Afuera anochecía y los travestis iniciaban su ronda nocturna.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Del otro lado
¿Como describir lo que siente una pelusa al ser atrapada por una aspiradora?Así me sentí cuando el hoyo negro me atrapó.
Estaba en órbita, solo en mi pequeña cápsula. Una misión rutinaria, mi objetivo era probar instrumental y equipo. Mi país estaba dando sus primeros pasos en el cosmos.
Sin aviso previo, una fuerza comenzó a jalar de la cápsula. Lo único que distinguí fue una distorsión sobre el fondo de las estrellas. Fue todo muy rápido y apenas si tuve tiempo de preocuparme.
Nunca tomé drogas alucinógenas, pero una vez dentro del hoyo todo se deformó y los colores cambiaron, supongo que eso debe sentir un adicto a los psicotrópicos.
Y luego salí, del otro lado. ¿Estoy cerca o a millones de parsecs? Da lo mismo, nadie vendrá por mí.
Ya pasó una hora y puedo confirmar que el envión me empujó en dirección a un planeta ¿Será el mío? Por las dudas, me aferró al comunicador, pero nadie me contesta.
Dos horas desde mi salida del hoyo. Entro en una órbita decreciente.
Doy gracias por el entrenamiento recibido. Siendo inevitable mi descenso, logro maniobrar para evitar caer en un mar. Me poso en un valle. Ni siquiera me preocupo en comprobar si la atmósfera es respirable o la temperatura aceptable ¿para que? Morir asfixiado en la cápsula o afuera me da igual.
De detrás de unas rocas se me acerca un ser, armado con una lanza corta. Es evidente que no estoy en mi planeta.
Le dirijo un breve saludo. El ser me contesta y repite una palabra, tocándose el pecho, debe ser su nombre, algo así como "Gilgamesh".
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Un viaje en subte
Me subo al subte en Malabia y milagrosamente, consigo un asiento libre. Debe ser como dice Antonio, el electricista nomás, eso de "visualizar" un asiento y el asiento aparecerá.
Me acomodo entre una señora sesentona gorda, con el pelo color kerosen y un oficinista con aspiraciones de yuppie que lee una revista de 'ai-ti-bisnes'. Enfrente hay una señorita rubia que duerme con la boca abierta y un pibe (con aspecto de cadete) de pelo grasoso, que mira de reojo el generoso escote de la rubia.
Cierro los ojos para descansar un poco la vista. Esa es la excusa oficial; en realidad me hago el dormido para no dejar el asiento que supimos conseguir a ninguna embarazada o anciana que eventualmente pudiera o pudiese subir.

Siento que me tocan. Es la señora de pelo color kerosen que me habla. Debe ser extranjera, danesa, sueca o lituana, que se yo. Trato de hacerme entender en inglés pero no hay caso. La tipa menea la cabeza y se levanta. Miro a mi alrededor y veo que todos se bajan, incluso la rubia que dormía y el pibe (con aspecto de cadete) de pelo grasoso.
Pienso que llegamos a L.N. Alem, cabecera de la línea B, pero no reconozco la estación. Me fijo en los carteles y para mi horror, están escritos en una grafía desconocida."Calma Dieguito, es ese medicamento para presión, que te tiene a mal traer" me digo.
Sigo a la multitud que emerge a la superficie y desemboco en una ciudad extraña, de una arquitectura lovercraftiana. Escucho conversaciones en la misma lengua dura y cortante en la cual me habló la sesentona.
Mi desconcierto va en aumento, pero alcanzo a imponer mi lado lógico y racional. "Si pasé a otra dimensión viajando en subte, debería volver a mi "propio lado" de la misma forma".
Así que me meto en la extraña estación, busco lo que parece ser una boletería y me acerco a la ventanilla. Sonrío a la boletera, le hago "uno" con el índice y le paso un billete de 2 pesos. La tipa lo mira, dice algo y me lo devuelve. Me quedo paralizado, la gente de atrás refunfuña y la boletera le hace una seña a un guardia. Cuando el tipo se me acerca, retrocedo y cuando intenta tomarme por el brazo, le pateo las bolas.
Y comienzo a correr. Y salgo a la calle y sigo corriendo...
Hace cuatro horas que estoy dando vueltas por esta metrópolis de pesadilla, esquivando a sus raros autos de 3 ruedas.
Finalmente encontré otra estación de subte. La estoy vigilando. En cuanto el guardia se descuide, me meto.
Me acomodo entre una señora sesentona gorda, con el pelo color kerosen y un oficinista con aspiraciones de yuppie que lee una revista de 'ai-ti-bisnes'. Enfrente hay una señorita rubia que duerme con la boca abierta y un pibe (con aspecto de cadete) de pelo grasoso, que mira de reojo el generoso escote de la rubia.
Cierro los ojos para descansar un poco la vista. Esa es la excusa oficial; en realidad me hago el dormido para no dejar el asiento que supimos conseguir a ninguna embarazada o anciana que eventualmente pudiera o pudiese subir.

Siento que me tocan. Es la señora de pelo color kerosen que me habla. Debe ser extranjera, danesa, sueca o lituana, que se yo. Trato de hacerme entender en inglés pero no hay caso. La tipa menea la cabeza y se levanta. Miro a mi alrededor y veo que todos se bajan, incluso la rubia que dormía y el pibe (con aspecto de cadete) de pelo grasoso.
Pienso que llegamos a L.N. Alem, cabecera de la línea B, pero no reconozco la estación. Me fijo en los carteles y para mi horror, están escritos en una grafía desconocida."Calma Dieguito, es ese medicamento para presión, que te tiene a mal traer" me digo.
Sigo a la multitud que emerge a la superficie y desemboco en una ciudad extraña, de una arquitectura lovercraftiana. Escucho conversaciones en la misma lengua dura y cortante en la cual me habló la sesentona.
Mi desconcierto va en aumento, pero alcanzo a imponer mi lado lógico y racional. "Si pasé a otra dimensión viajando en subte, debería volver a mi "propio lado" de la misma forma".
Así que me meto en la extraña estación, busco lo que parece ser una boletería y me acerco a la ventanilla. Sonrío a la boletera, le hago "uno" con el índice y le paso un billete de 2 pesos. La tipa lo mira, dice algo y me lo devuelve. Me quedo paralizado, la gente de atrás refunfuña y la boletera le hace una seña a un guardia. Cuando el tipo se me acerca, retrocedo y cuando intenta tomarme por el brazo, le pateo las bolas.
Y comienzo a correr. Y salgo a la calle y sigo corriendo...
Hace cuatro horas que estoy dando vueltas por esta metrópolis de pesadilla, esquivando a sus raros autos de 3 ruedas.
Finalmente encontré otra estación de subte. La estoy vigilando. En cuanto el guardia se descuide, me meto.
sábado, 10 de octubre de 2009
Descreidos
Sentado frente a su escritorio, Baglan estaba leyendo los informes nocturnos mientras degustaba un té negro, cargado, con tres cucharadas de azucar, uno de los 'vicios' que había adquirido durante esta misión (el otro era jugar a las cartas). "Creo que sería un éxito importar esta bebida", pensó evaluando un futuro negocio.
En algún lugar a la izquierda de su visión, apareció, flotando en el aire, un ícono amarillo representando un sobre. "Un anacronismo", pensó Baglan. ¿Cuánto hacía que nadie había recibido o enviado una carta?
El color del sobre denotaba que era una comunición personal. Un sobre rojo era una comunicación urgente y uno blanco un mensaje oficial.
Parpadeó rapidamente y el sobre se abrió, dejando salir una hoja de papel, que se expandió frente a sus ojos.
De: Dahaneh-ye Ġawri
Para: Baglan Bāmiyān
Asunto: TIR* (para tu regocijo personal)
La buena de Dahaneh-ye. Siempre aportando un poco de humor. ¿Que sería esta vez?
Hacía ya dos años y medio que estaba asignado a este puesto y la esperanza de que pasara algo realmente interesante iba dejando paso a la resignación. Su subalterna y amiga Dahaneh-ye Ġawri siempre le ofrecía algo novedoso, que lo sacaba del tedio. Porque esta misión era solo OeI, Observación e Informe, con lo cual se la mayor parte del tiempo su tarea se limitaba a interceptar las comunicaciones del objetivo, analizarlas e informar a la Central, como lo habían hecho sus predecesores en el cargo durante más de 60 años.
Dejó la taza sobre el escritorio y comenzó a leer...
Convencidos como estamos de la validez de la limitación relativista de superar la velocidad de la luz, no habría sin embargo ningún problema teórico en intentar construir naves para viajar por el espacio a velocidades sublumínicas. En lo que no piensan los creyentes en extraterrestres es en los enormes, prohibitivos costos que debería afrontar una cultura que quisiera explorar su galaxia. Es más que probable que la inversión requerida llevase al colapso financiero, económico y energético a quien lo intentara.
Si nosotros somos capaces de darnos cuenta de ello, no cabe duda que una potencial civilización técnica también lo será, viéndose obligada a pensarlo dos veces antes de lanzarse a una aventura de exploración y colonización de costo ruinoso y que no conducirá a beneficio económico ni cultural de ninguna clase.#
En algún lugar a la izquierda de su visión, apareció, flotando en el aire, un ícono amarillo representando un sobre. "Un anacronismo", pensó Baglan. ¿Cuánto hacía que nadie había recibido o enviado una carta?
El color del sobre denotaba que era una comunición personal. Un sobre rojo era una comunicación urgente y uno blanco un mensaje oficial.
Parpadeó rapidamente y el sobre se abrió, dejando salir una hoja de papel, que se expandió frente a sus ojos.
De: Dahaneh-ye Ġawri
Para: Baglan Bāmiyān
Asunto: TIR* (para tu regocijo personal)
La buena de Dahaneh-ye. Siempre aportando un poco de humor. ¿Que sería esta vez?
Hacía ya dos años y medio que estaba asignado a este puesto y la esperanza de que pasara algo realmente interesante iba dejando paso a la resignación. Su subalterna y amiga Dahaneh-ye Ġawri siempre le ofrecía algo novedoso, que lo sacaba del tedio. Porque esta misión era solo OeI, Observación e Informe, con lo cual se la mayor parte del tiempo su tarea se limitaba a interceptar las comunicaciones del objetivo, analizarlas e informar a la Central, como lo habían hecho sus predecesores en el cargo durante más de 60 años.
Dejó la taza sobre el escritorio y comenzó a leer...
Convencidos como estamos de la validez de la limitación relativista de superar la velocidad de la luz, no habría sin embargo ningún problema teórico en intentar construir naves para viajar por el espacio a velocidades sublumínicas. En lo que no piensan los creyentes en extraterrestres es en los enormes, prohibitivos costos que debería afrontar una cultura que quisiera explorar su galaxia. Es más que probable que la inversión requerida llevase al colapso financiero, económico y energético a quien lo intentara.
Si nosotros somos capaces de darnos cuenta de ello, no cabe duda que una potencial civilización técnica también lo será, viéndose obligada a pensarlo dos veces antes de lanzarse a una aventura de exploración y colonización de costo ruinoso y que no conducirá a beneficio económico ni cultural de ninguna clase.#
...
-¡Hahahahaha! -rió en la soledad de su cabina Baglan Bāmiyān -Estos terrestres me hacen reir, tan pagados de si mismos....
Por el ojo de buey podía divisar a la Tierra, que se recortaba nítida en el cielo lunar. Parpadeó con otro de sus ojos para cerrar y archivar el mensaje y con uno de sus tentáculos volvió a tomar la taza.
-¡Hahahahaha! -rió en la soledad de su cabina Baglan Bāmiyān -Estos terrestres me hacen reir, tan pagados de si mismos....
Por el ojo de buey podía divisar a la Tierra, que se recortaba nítida en el cielo lunar. Parpadeó con otro de sus ojos para cerrar y archivar el mensaje y con uno de sus tentáculos volvió a tomar la taza.
* Trozo de Información Recuperada
# el texto completo es de Marcelo Dos Santos.
Los nombres 'extraterrestres' no son tales, son ciudades de sufrido Afganistán.
viernes, 26 de junio de 2009
Un paseo demasiado largo I
Hola, volví a escribir un cuento, espero que les guste, gracias.
Le dio una larga pitada al último Benson & Hedges, tomó lo que quedaba del cigarrillo entre el pulgar y el índice y lo arrojó por encima de la borda. La colilla describió una parábola y con un fizzzz se apagó al tomar contacto con el agua. Sofía la miró durante un momento, meciéndose en el mar al vaivén de las olas, alejándose del velero que se había constituido en su único hogar.
“Ahora si dejé de fumar” pensó Sofía y rió amargamente. Volvió su atención a las improvisadas líneas de pesca. Hasta ahora, la suerte le había resultado esquiva, pero era prioritario pescar algo, ya que la comida enlatada y los snacks no durarían para siempre. Temía bajar a tierra y encontrarse con los “otros”, por lo tanto debía pescar.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que partió de la Marina Port Vell, uno de los puertos de Barcelona? “A ver, hoy es Martes”, tan solo cinco días la separaban de su vida anterior. Bien podían haber transcurrido cincuenta mil años.
Todo comenzó como una excursión, un paseo en el velero de Joaquín. Él y Sofía son (eran) compañeros y adversarios en una compañía catalana de exportación e importación, desde hacía solo unas pocas semanas. Ella era encargada de Compras y Joaquín el jefe de Ventas. Ya en la primera reunión de trabajo chocaron; Sofía reclamando que Ventas no se comprometiera con los clientes sin avisar a Compras, Joaquín, presionado por la Gerencia General, pidiendo celeridad a Compras. Ella es una belleza del tipo escandinavo, Joaquín un morocho, andaluz de cabo a rabo.
-Luis, este tipo es un gilipollas. -estalló un día Sofía frente al señor Rodríguez, su inmediato superior. Luis Rodríguez había llegado desde Argentina en los “años de plomo” de la dictadura militar. Se puso a trabajar duro, como queriendo llenar el tiempo lejos de su hogar. Hoy, con solo 50 años, y siendo uno de los capos máximos, estaba a punto de retirarse, aquejado de un puto cáncer, y había nombrado a Sofía su sucesora, su “Delfina” como le solía decir.
-Vení piba, oime bien, prestame mucha atención. –a pesar de los años lejos de su Buenos Aires querido, siempre afloraba algún término porteño, sobre todo cuando se enojaba o como en este caso, cuando quería transmitir algún mensaje importante, como un sabio maestro dirigiéndose a un discípulo. Abriendo la ventana del lujoso piso barcelonés, prendió un cigarrillo, a pesar de las prohibiciones de fumar en el ámbito laboral. Sofía reprimió el impulso de retarlo, pero un poco de tabaco no haría diferencia en la menguada salud del hombre, a quién quería como un padre.
-Con todo el respeto que me merecés, no tomes a mal lo que te voy a decir. Me parece que ustedes dos están recalientes y hasta que no se encamen la cosa seguirá jodida. La tensión sexual se corta con un cuchillo.
Dicho esto, el veterano se dio media vuelta y se puso a mirar el tránsito, 20 pisos más abajo.
La primera reacción de Sofía fue gritar y arrojarle un pisapapeles a su jefe. Pero contó hasta 10 (en realidad hasta 20) y meditó sobre el asunto. Así surgió la idea de una salida con Joaquín, un after-office para limar asperezas. Fue él quién, a pesar de la sorpresa inicial, sugirió salir a navegar por el Mediterráneo.
continuará...
Le dio una larga pitada al último Benson & Hedges, tomó lo que quedaba del cigarrillo entre el pulgar y el índice y lo arrojó por encima de la borda. La colilla describió una parábola y con un fizzzz se apagó al tomar contacto con el agua. Sofía la miró durante un momento, meciéndose en el mar al vaivén de las olas, alejándose del velero que se había constituido en su único hogar.
“Ahora si dejé de fumar” pensó Sofía y rió amargamente. Volvió su atención a las improvisadas líneas de pesca. Hasta ahora, la suerte le había resultado esquiva, pero era prioritario pescar algo, ya que la comida enlatada y los snacks no durarían para siempre. Temía bajar a tierra y encontrarse con los “otros”, por lo tanto debía pescar.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que partió de la Marina Port Vell, uno de los puertos de Barcelona? “A ver, hoy es Martes”, tan solo cinco días la separaban de su vida anterior. Bien podían haber transcurrido cincuenta mil años.
Todo comenzó como una excursión, un paseo en el velero de Joaquín. Él y Sofía son (eran) compañeros y adversarios en una compañía catalana de exportación e importación, desde hacía solo unas pocas semanas. Ella era encargada de Compras y Joaquín el jefe de Ventas. Ya en la primera reunión de trabajo chocaron; Sofía reclamando que Ventas no se comprometiera con los clientes sin avisar a Compras, Joaquín, presionado por la Gerencia General, pidiendo celeridad a Compras. Ella es una belleza del tipo escandinavo, Joaquín un morocho, andaluz de cabo a rabo.
-Luis, este tipo es un gilipollas. -estalló un día Sofía frente al señor Rodríguez, su inmediato superior. Luis Rodríguez había llegado desde Argentina en los “años de plomo” de la dictadura militar. Se puso a trabajar duro, como queriendo llenar el tiempo lejos de su hogar. Hoy, con solo 50 años, y siendo uno de los capos máximos, estaba a punto de retirarse, aquejado de un puto cáncer, y había nombrado a Sofía su sucesora, su “Delfina” como le solía decir.
-Vení piba, oime bien, prestame mucha atención. –a pesar de los años lejos de su Buenos Aires querido, siempre afloraba algún término porteño, sobre todo cuando se enojaba o como en este caso, cuando quería transmitir algún mensaje importante, como un sabio maestro dirigiéndose a un discípulo. Abriendo la ventana del lujoso piso barcelonés, prendió un cigarrillo, a pesar de las prohibiciones de fumar en el ámbito laboral. Sofía reprimió el impulso de retarlo, pero un poco de tabaco no haría diferencia en la menguada salud del hombre, a quién quería como un padre.
-Con todo el respeto que me merecés, no tomes a mal lo que te voy a decir. Me parece que ustedes dos están recalientes y hasta que no se encamen la cosa seguirá jodida. La tensión sexual se corta con un cuchillo.
Dicho esto, el veterano se dio media vuelta y se puso a mirar el tránsito, 20 pisos más abajo.
La primera reacción de Sofía fue gritar y arrojarle un pisapapeles a su jefe. Pero contó hasta 10 (en realidad hasta 20) y meditó sobre el asunto. Así surgió la idea de una salida con Joaquín, un after-office para limar asperezas. Fue él quién, a pesar de la sorpresa inicial, sugirió salir a navegar por el Mediterráneo.
continuará...
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