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viernes, 9 de abril de 2010

Despertar


Me despierto de golpe. Estaba soñando con El Método Greyskull, Grönholm o como se llame. 
Estiro los brazos hasta tocar la pared detrás del inexistente respaldo de la cama. También estiro las piernas, lo que provoca que las sábanas de color rosa viejo se deslicen de la cama y tapen a la gata, que duerme en un almohadón en el piso. El felino, obviamente, no se inmuta.
Me siento y tanteo con los pies buscando algún calzado. Encuentro una pantufla azul y una zapatilla negra, ambas del pie izquierdo.
Opto por la "descalcés".Voy tanteando hasta el baño, donde pisho una larga y poderosa meada. Es increible la cantidad de líquido que se puede juntar en la vejiga durante 6 horas de sueño.
Me lavo la cara y las manos, le saco la lengua al espejo y me dirijo a la cocina.
Pongo la pava para el mate y preparo café, aún no me decido que tomaré.
Mientras sintonizo la radio, Luna se trepa a la mesada y me reclama mimos.
Con la gata aún en brazos, me acerco a la ventana y descorro la cortina, para ver como viene el clima.
Y casi me caigo de culo.
El familiar paisaje de edificios residenciales y comercios de cuero ha mutado. Villa Crespo se ha convertido en unas futurístas Tokio, Kuala Lampur o Shangai.
[20060424_PointofView_full.jpg]Unas torres de decenas de pisos, unidas por puentes a una altura increible ocupan el centro del panorama. 
Incluso pareciera que la ventana desde la cual miro está a cientos de metros sobre el suelo.Un río cristalino atravieza esta nueva ciudad.
Alcanzo a distinguir vehículos aéreos, similares a viejos Fords o Chevrolets de los años 40, pintados de colores vivos y brillantes.
La gata se mueve inquieta.
Abro los ojos y veo que aún estoy en mi cama. Desde un rincón, Luna me mira con sus ojos amarillos.