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jueves, 4 de noviembre de 2010

Una de amor VII

El Domingo me levanté a media mañana, sin pilas.  No importa a que hora me acueste, no puedo dormir más alla de las 10.  El día pintaba horrible, demasiado para ser Otoño.  Ni siquiera me vestí, me puse un jogging, fumé, leí, comí las sobras de la noche anterior y tomé un poco de vino.  Dormí una siestecita, me bañé y tomé un taxi hasta la casa de Rodrigo Pérez.  

Al llegar encontré una nota en la puerta donde había garabateado "Estamos en el bar de la esquina".  Hacía allí me dirigí, allí estaba él con Nacho, el cantante y una petisa. que supuse era la periodista. 
Efectivamente, treintañera, morocha pero con un mechón bordó.  Pinta de intelectual fiestera.  Yo y mi puta costumbre de catalogar y etiquetar a las personas con solo el primer vistazo.
Pedí un café corto y una medialuna.
¿La entrevista? Lo de siempre, lo que se acostumbra en estos casos. 
Preguntas típicas,
-El nuevo disco ¿sobre qué ejes temáticos se va a basar?
-¿Qué sentís cuando los pibes piden tus temas?
-¿Qué les pasó por la cabeza cuando empezaron a pasarlos por las radios?
-¿Eras un chico normal?
-¿Cómo te iniciás en la música?
-¿Cuál es el balance entre la depresión del grupo y la presión del éxito?

Y las respuestas, medio en joda medio enserio de Nacho,
-Apunta a contar lo urgente
-La parodia es inevitable porque tenemos un espíritu crítico.
-Si no sacudes al tiempo ni un intento queda en vos.
-Cuanto más pasa el tiempo, sé menos sobre lo que hago.
-Las canciones tienen siempre que ver con lo que te pasa en el momento.
-El hecho de que te estén mirando te pone más paranoico.
-No tenemos ambiciones de mercado.
-Ya sobrevivimos a momentos horrorosos.
-Hice música sin ser músico.
-A mi infancia y a mi adolescencia las recuerdo como los períodos más lúgubres, tristes y traumáticos de toda mi vida.

Yo me mordía los labios para no cagarme de risa.  Al menos la piba se había informado bien, conocía todos los temas, era avispada.  Las preguntas dirijidas a mí eran diferentes, más sesudas, tiraban más hacia la literatura que a la música.

Continuará...

lunes, 25 de octubre de 2010

Una de amor VI

A las 18 sonó el teléfono, imaginé que sería ella, pero no, era Rodrigo Pérez, el representante de "Nigromantes", un periodista de la sección de Música de un diario porteño quería hacer una nota, me preguntó si podía el Domingo a la tarde.  Le dije que si.  Corté.

Hiciera lo que hiciera, me acordaba de Thelma. Agarré el pepel rosa donde había dejado sus datos y levanté el tubo.  Colgué, lo volví a levantar, colgué.
A las 19 sonó el teléfono y está vez era ella.
-Hola, ¿Que estás haciendo?
-Nada.  Escucho Vivaldi y trabajo.  ¿Y vos?
-Que aburrido. Estudio.  ¿Que hacés esta noche?
-Nada.
-Yo me junto con unas amigas y después paso a visitarte, ¿está bien?.
-Si.
Me bañé, me afeité, me vestí, preparé la cena para dos y me puse a ver un viejo film sobre la 2° Guerra Apache:  un grupo de valientes soldados novohispanos rescatan a una bella cautiva en 1851 y por supuesto, el gallardo capitán y la cautiva se enamoran. 
Me quedé dormido, cuando desperté estaban dando una comedia romántica de los '70.
Los tiempos de una chica de 18 años y los de un hombre de 38 son distintos.

Finalmente apareció, como a las 2.
Calenté la cena, tomamos un vino tinto y charlamos.  Se mostró muy entusiasmada cuando le conté lo de la entrevista.
Hicimos el amor pero no se quedó.  Llamé a un taxi y la vi irse.  Insistí en que me mandara un mensajito apenas llegara, cosa que le pareció de viejo.  Puede ser, pero en caso contrario no dormiría tranquilo.  Thelma había pasado a ocupar un lugar, un lugar mucho mucho tiempo vacío.

Continuará...

viernes, 15 de octubre de 2010

Una de amor V

Nos desvestimos sin dejar de besarnos.  Estiró los brazos y le saqué el vestido por encima de la cabeza.  Tenía ropa interior blanca.  Primero el corpiño, luego la bombachita, quedaron el piso.  
Sus pezones eran rosados y turgentes.  Tenía el culo firme.
La besé en el cuello, los pechos y el abdomen, luego bajé a su coño.  Debo haberlo hecho bien, porque se corrió enseguida.
Volví a subir a sus tetas, su cuello, su boca.  La monté.  Unas cuantas sacudidas y dimos la vuelta, ella quedó encima mía.
Pensé que mi verga iba a explotar. Acabamos juntos.
 
Nos quedamos abrazados y nos dormimos una hora o así.  Volvimos a hacerlo.  Nos volvimos a dormir. Solo Dios sabe cuanta falta me hacía una buena cogida.

A la mañana siguiente, me levanté sin hacer ruido y preparé el desayuno.  Lo llevé a la cama y la desperté.  Joder, era hermosa.
Estaba de buen humor y pésimo aliento.  Se puso una remera mía, fué al baño, volvió y antes de desayunar, llamó por teléfono, supongo que a su casa.

Desayunamos.  Volvimos a hacer el amor.

Charlamos, nos contamos cosas.  Era la menor de tres hermanos, vivía con papá y mamá.  Estudiaba Sociología.  Papá era Agrónomo, mamá tenía un jardín de infantes.  Militaba en alguna agrupación política.

Cerca del mediodía, recogió sus cosas, se vistió, me dejó sus datos en un papelito rosa y se fué.  Quedó su perfume en la almohada.

El resto del Sábado me dediqué a las compras, tal como lo hacía cuando vivía mi mujer.  Escribí, contesté correos, miré los diarios.  Lo de siempre, motines de desempleados en los Estados Unidos, alguna ex colonia francesa en África se desangraba en una nueva guerra civil, unos oceánicos querían desprenderse del Virreynato de Filipinas, etc. Parráfo aparte mereció la propuesta de los escoceses independentistas, que le piden al emperador de la Mancomunidad que medie en su conflicto con los ingleses, tal como hizo Luis II con Irlanda allá al fin de la Primera Guerra Mundial y desembocó en la independencia de Eire.

Continuará...

martes, 5 de octubre de 2010

Una de amor IV

Abrí la puerta luego de luchar con las llaves (no estaba del todo sobrio) y entramos.
-Que arreglado está todo.
-Viene una señora los Jueves y algunos Martes.
-¡Guau, que biblioteca! ¿Los leiste todos? -preguntó.
-Claro.
Le llamó la atención mi revolving, heredado de una abuela,donde tenía más libros, fotos y adornos.
-¿Y quién es esta gente?
-Parientes y amigos.
-¿Cuál es tu mujer?
-Esta -dije señalando una foto enmarcada en madera oscura.
-¿Como era?
-Morocha de rulos, con ojos grandes...
-Eso puedo verlo por mi misma.  ¿Como era?
-Inteligente, buena, trabajadora.
-¿De que murió?
-Prefiero cambiar de tema.  ¿Querés tomar algo?
-¿Que tenés?
-Café, té, mate...
-¡Ja!
-Cerveza, vino, un par de licores, no soy un gran bebedor, a decir verdad.
-Bueno, un café y un licor me vendrían bien.
-Ya vuelvo, ponete cómoda.
-¿Donde está el baño?
Se lo señalé.  Mientras iba a la cocina, noté que se asomó al dormitorio.

Puse música, algo de Luisiana.  Hay buenos músicos negros que hacen Melanco, música de ex esclavos.  Ellos le llaman blues.  En el siglo XIX muchos
se pasaron desde Estados Unidos a nuestro lado.  No puedo culparlos.
Nos sentamos muy juntos en el sofá.  Bebimos el café y el licor, servido en copitas pequeñas.
Hablamos sobre el recital y sobre música en general.
Puso su mano en mi pierna y nos besamos suavemente.  Un hermoso beso.  Tomó mi mano izquierda y la guió hasta sus tetas.  Eran grandes y firmes.  Me empingué.


Continuará...

sábado, 25 de septiembre de 2010

Una de amor III

Cuando fue mi turno, Nacho me presentó, canté un par de temas (MIS temas, "Adalid de una causa perdida" y "Oscura", primer corte del disco del mismo nombre), hice monerías, al público le encantó y aplaudieron a rabiar. 
Cuando terminó el recital, cansados pero eufóricos, nos fuimos todos, la banda, novias, representante, amigos y técnicos a comer y beber a un restaurante de San Benito de Palermo.
-Ey, maestro, ¿no vas a presentarnos a tu amiga? -preguntó Tonio, el baterista.
-Ella es ...
-Thelma -completo la frase rapidamente la chiquita.

Era inteligente, aguda, muy culta para el común de las chicas de su edad.
Circularon 'fasos', pero ella no quiso, eso me gustó.
En un momento dado, las chicas se fueron al baño y los muchachos aprovecharon para gastarme.
-¡Bravo maestro, que carosito que se está comiendo! -gritó uno entre los aplausos de los demás.  Me limité a sonreir.

Cuando terminamos, salimos y le pregunté -¿Donde vivís?
Dió una dirección en Almagro. 
-Te paro un taxi y te mando a tu casa.
-Nada de eso, me voy con vos.

¿Que podía decir?  Paré un taxi conducido por un gordo de facciones porcinas, le di la dirección de casa y partimos.  Nos quedamos sentados en silencio.

El chofer no paraba de relojear por el retrovisor.  Thelma debió notarlo, porque me puso su mano en la barbilla y me besó en la boca.  Fue un beso largo y bueno.  El taxista no dejaba de mirar y temí por nuestra seguridad.
Al llegar, pagué y el tipo me guiño un ojo.

Continuará...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Una de amor II

Para Marzo del año siguiente, la banda ("Nigromantes") se había hecho bastante popular.  Estaban por sacar un disco debut y me llamaron.  Era Nacho, el cantante.
-¡Hey maestro! ¿Como va la cosa?
-Bien, muy bien.  ¿Y ustedes?
-Bueno, ¿Qué no lees el periódico?  Daremos un concierto en quince días en "La Olla".   
"La Olla" es un teatro bastante usado por las bandas de tango-fricción, el género musical de moda entre los jóvenes, las radios no hacen sino pasar tango-fricción todo el bendito día.  Algunos eran muy buenos músicos, pero la mayoría sonaban como aficionados.
-Muy bien, los felicito...
-Y queremos contar con tu presencia.
-Estás loco.  Ni en pedo.
-Hay una moneda importante.
-¿Cuánto?
-Tanto.
-Cuenten conmigo.
Así que el Viernes 4 de Abril de 2008, ahí estaba yo, ingresando a 'La Olla' por la puerta de los artistas.  Estaba a un costado, charlando y bebiendo unas cervezas con los de la banda, cuando uno de los tíos de Seguridad me señala a la gente que esperaba del otro lado de la barrera de contención y me dice que 'mi hija' trajo las partituras que olvidé.  Lo cual no dejó de sorprenderme porque nunca tuve hijos.  Estiré el cuello y ahí la vi, saludando con una mano y sacudiendo unos papeles con la otra.  Tenía un vestido rojo de mangas largas, justo por encima de las rodillas.  
Le hice señas y pasó.  Se me colgó del cuello y me dió un pico.  
Me tomó del brazo, sonriente y me mostró su documento de identidad.
-Pues ves, ya soy mayor de edad.
No le contesté.  Pero sonreí.

Continuará...

domingo, 5 de septiembre de 2010

Una de amor I

Recuerdo exactamente el día que la conocí, fue el 16 de julio de 2007.  Puedo aludirlo tan precisamente porque el día anterior el equipo de balompié (uno de los pocos aportes anglos a la cultura universal) del Rio de la Plata se había
consagrado campeón de la XLII edición de la Copa Mancomunidad Hispánica, jugada en el territorio del Virreynato de Nueva Granada, luego de vencer en vibrante final al combinado del Pacífico Noroeste por 3 a 0; y Buenos Aires, la ciudad más impotante del Hemisferio Sur, seguía de fiesta.  
Yo estaba en un café de la calle de la Victoria, disfrutando una ginebra con hielo.  Me había acercado a escuchar a una charanga de muchachos para los cuales había compuesto un par de canciones.  Es curiosa la historia de como me relacioné con ellos.  Fue en un sarao, yo estaba con mi amiga Maricarmen, la editora, cuando se acercó un gandul de la Banda Oriental y ella me presentó como 'eximio escritor y compositor'.  Charlamos un poco, quedamos en hablarnos. Me olvidé del tema.  Grande sería mi sorpresa al recibir dos días después su llamado.  Nos encontramos en una cochera donde ensayaban con el resto de la banda, les mostré mis escritos, les gustó y lo incorporaron a su repertorio.  Eso fue en Mayo.  
Y aquí estaba yo, como invitado.
La banda tocó mis temas, me presentaron y saludé tímidamente.


En el entretiempo, se me acercó una chiquilla.
-Hola, ¿Me invitas un trago?
La miré de arriba abajo.  El pelo rubio ceniza le caía en ondas sobre los hombros.  Tenía bellos ojos grises y una hermosa boca.  Sus labios estaban pintados de rojo carmín.  Tenía buenos pechos, para que negarlo.  Me hizo recordar a esa actriz de Los Ángeles, la Dolores Johansson.
-¿Cuantos años tenés?
-19 -mintió descaradamente.
-Vete.
-¿Que? ¿Acaso no te gustan las mujeres?
-Las mujeres si, las niñas no. -Y miré hacia el escenario.
Esto le picó y me contestó -Para mí que eres un maricotas.  No llevas anillo, un tipo soltero a tu edad, es medio sospechoso...
-De hecho, soy viudo.  Es solo que no salgo con menores de edad.
Se puso seria de repente.   Luego se acercó y me susurró en el oído -Nos vemos en unos meses, entonces.
Me besó en la mejilla y se fué.

continuará...

miércoles, 25 de agosto de 2010

domingo, 6 de junio de 2010

De lo que aconteció al Mostro en uno de sus viajes

En una pequeña aldea, enclavada en un hermoso valle, todos parecían muy tristes. Acertó a pasar por el lugar El Mostro, quién se hallaba paseando por dimensiones alternas.
Detuvo a una niña muy bella y muy bien dotada y de largas trenzas rubias y la interrogó:
-Bella niña de senos prominentes, ¿Porque lucen todos tan tristes en esta comarca?
-Es a causa de los ataques de un malvado dragón, extraño viajero de mirada penetrante y manos inquietas.
-¿Un drogón? ¿Porque no llaman a la cana?
-No, no, no. Un DRA-GÓN. Y por favor, quita tus manos de mis pectorales.

Viendo la oportunidad de ganar el corazón de la muchacha, El Mostro se reunió con las fuerzas vivas del poblado (alcalde, boticario, herrero, abad, etc) y les propuso un plan. Iría a hablar con el dragón, lo atraería a una trampa, ellos lo matarían, mientras los niños serían escondidos en un lugar seguro. Todo eso a cambio de una cantidad de monedas de oro y plata.
Y así lo acordaron. El Mostro se dirigió a las montañas tenebrosas donde moraba la terrible bestia.
Al anocher regresó y contoles que el dragón, no era muy listo y había caído en la trampa. Todos los hombres se dirigieron entonces al lugar acordado, blandiendo hachas, palos, guadañas, palas y horquillas.
Mientras tanto, El Mostro y los niños se escondieron en una cueva cercana. Y El Mostro prendió un fuego en la cima de una colina.
Era la señal que el dragón esperaba. Fue entonces cuando se abalanzó sobre el poblado y las indefensas mujeres que allí moraban, arrasando todo a su paso, con saña voraz.
Mientras tanto, El Mostro huyó con la bella niña de senos prominentes y largas trenzas rubias (a la que sometió a sus bajos instintos), las monedas de oro y plata. A los niños los vendió a unos traficantes de esclavos sarracenos, con lo que llenó aún más su bolsa.

Moraleja: Desconfía de los monstruos, porque entre ellos se entienden.

martes, 18 de mayo de 2010